Se ha condenado a doce años de cárcel a de Juana supuestamente (pues por los demás delitos que le hacen acreedor de condenas graves ya ha cumplido sentencia) por las amenazas que al parecer contenían dos artículos suyos titulados Gallizo y El Escudo. En ellos se cita con nombres y apellidos a dirigentes de prisiones (de Zapatero hacia abajo) que le parecen indignos de confianza. Lo que de Juana diga da exactamente igual; que los artículos estén mal escritos, tengan un tono chulesco y sepan ver la paja en ojo ajeno pero no la viga en el propio, no son cuestiones que deban juzgar los jueces ni, mucho menos, conllevar doce años de cárcel, salvo que estemos, en realidad ante una ilegal ampliación de condena por sus delitos anteriores.

Si de Juana hubiera escrito de algún alcalde que es comparable a Hitler y Stalin y que más le valdría ponerse una rueda de molino al cuello y arrojarse al río… es fácil pensar que le hubieran caído muchos más años de prisión y que, si ya somos pocos los que defendemos en público que esta condena a de Juana es ilegal e injusta (nunca se había condenado a tales penas por amenazas), sería mucho más difícil defenderle.

Pues bien, como lo que se juzga, en teoría, no es al delincuente, sino el delito, esa misma sentencia merecería cualquiera que escribiera sobre otro alcalde lo que se decía en el párrafo supra. Hoy, gracias a Escolar, encontramos a un tal Eulogio López (recordemos que Eulogio significa algo así como”el que usa bien la palabra/la razón”) que dice tal del alcalde de Madrid en una muy patriótica página llamada Hispanidad:

¿qué hago si me obligan a elegir entre Gay-ardón, Hitler o Stalin? A quién voto, ¿a Hitler o a Stalin? La decisión es compleja. Y sólo ruego, al supremo iluminador Gallardón, que mi hijo no lea este artículo.

En Estados Unidos y Canadá, actitudes de políticos como Gallardón, que libremente se confiesan católicos y luego predican el aborto o el gaymonio, se han encontrado con obispos que, sencillamente, les han negado la comunión, en cumplimento de la vieja norma de que más les valdría colgarse una piedra de molino y arrojarse al mar.

No pido prisión para este tipejo: soy partidario de una libertad de expresión de lo más amplia. Pero para todos o para ninguno; esa es la razón por la que las representaciones de la Justicia aparecían, ¡que antiguaya!, con los ojos vendados.