De nuevo, a partir de la web de Javier Ortiz y su, digamos, pesimista apunte de hoy sobre el proceso de paz vasco.

No conozco a los actores del proceso: a ninguno. Estoy seguro de que Javier Ortiz tiene fuentes muy bien informadas, pues no suele dar puntada sin hilo (aunque bien es cierto que tales puntadas tienen esa tendencia pesimista que algunos califican de realismo inteligente). Mis intuiciones se basan únicamente en la interpretación de lo que los actores dicen, hacen, de cómo lo dicen, cómo lo hacen.

Algunos datos hacen ser pesimista: parece obvio que el PSOE está intentando quitar protagonismo al proceso de paz para dárselo a cuestiones económicas… Podría ser una cuestión estratégica (más cuando se avecinan elecciones municipales, en las que el protagonismo del proceso se reduce al ámbito vasco y cobra más protagonismo la capacidad de gestión) o de diversificación del autobombo (algo así como “no sólo somos ángeles pacificadores sino que también gestionamos como los ángeles”). Pero hay otros hechos: que el proceso no pasa por sus mejores momentos lo demuestran las incumplidas profecías. Así, se nos dijo que a finales de septiembre el gobierno se reuniría con los partidos para decirles cómo ha ido el diálogo con ETA; dos meses después de esa fecha no ha habido tal, lo que indica que los avances han debido ser mínimos o incluso nulos. También se filtró que a estas alturas la izquierda abertzale tendría un partido con el que presentarse a las elecciones y a la enésima mesa de partidos extraparlamentaria (Ajuria Enea, Pacto Antiterrorista, Pacto de Toledo, Pacto de Madrid,… seguro que hay más y ahora no las recuerdo: nadie calificó aquellas mesas de escándalo por reunirse al margen del Parlamento) que abordaría los asuntos políticos de la normalización vasca… El Gobierno no ha dado un sólo paso sustantivo (empezando por el necesario acercamiento de presos), salvo la evidente reducción (últimamente ausencia) de detenciones. En nombre del Estado, los jueces han puesto todos los palos en la rueda posibles: de repente se producen todos los juicios que llevaban años en lista de espera y se producen doctrinas absolutamente ilegales (la llamada doctrina Parot) y sentencias que son una locura jurídica (caso de Juana). La izquierda abertzale también se ha puesto a tirar de la cuerda por su lado: se resiste a dar pasos para su legalización, no detiene la kale borroka, toma una causa personal (la de de Juana) como elemento decisivo para un problema colectivo, ha robado las famosas pistolas y tiende últimamente a enfatizar sus peticiones de máximos frente a la prudencia con la que se pronunciaban al principio del proceso de paz (tomando como fecha de su inicio la tregua de marzo).

Sin embargo, también hay algunos síntomas que nos podrían hacer pensar que estamos en un impass previo a que la cosa arranque. Ha habido varias declaraciones que han insinuado que ETA dará algún paso positivo próximamente: Ibarretxe lo dijo con claridad hace pocos días, ETA comunicó a Gara que volverían pronto a dar pasos a favor del proceso de paz e incluso el
ABC publicó hace unas semanas que se esperaba una declaración de ETA que hiciera el alto el fuego irreversible. Estuvimos esperando una inminente tregua de ETA durante más de un año, por lo que no debería sorprendernos que haya que esperar bastante para ese paso próximo, ni necesariamente sería público (una reducción o, por qué no, eliminación de la kale borroka no tendría por qué ir acompañada de un comunicado, sino que, sería percibida por todos e incluso seguramente se comunicaría soto voce al Gobierno). Pero hay más: si se examina la kale borroka, ésta se dirige únicamente contra sedes del PSOE o del PNV o del Estado. Nunca contra sedes de partidos opuestos a la paz (PP, UPN), lo que podría indicar que sólo se quiere cobrar posiciones de fuerza en la negociación: atacar a los populares les daría a éstos un baño de legitimidad a la hora de querer mandar al guano el proceso de paz. Asimismo, nadie parece decir que el proceso corra realmente peligro, sino que estaría congelado. Las declaraciones de Imaz diciendo que por debajo se está avanzando más de lo que se dice en público deberían alimentar el optimismo que interpreta todas estas dificultades como formas de cobrar fuerza negociadora, y la necesidad de todos los agentes de que la cosa salga bien es una ventaja (así, la posición rapiñadora de la derecha volando sobre su víctima a la espera de que la muerte le dé alimento, podría servir de acicate para el PSOE, necesitado de que el proceso salga bien -aunque hasta el momento más parece servirle de freno…-).

Poco sabemos. En el caso más optimista, las dificultades serían una estrategia negociadora. Ello tampoco tiene por qué ser un buen dato: si cada uno tira de la cuerda pensando que seguro que el otro cede terreno, es posible que la cuerda se rompa aunque nadie tenga la intención de que se produzca tal ruptura.

La situación si se produce tal ruptura, reflexiónenlo todos los actores, sería terrible tanto vitalmente (la vuelta a los asesinatos, la ausencia de esperanza para muchos años) como políticamente: la potencial victoria de la derecha más mezquina y carroñera (incluso la que habita en el propio PSOE).