Es impresionante ver lo débiles que son algunos azotadores cuando son azotados. Hace ya unas semanas fue muy sonado que el President de Ciutadans de Catalunya había mentido cada vez que decía que nunca se había afiliado a un partido político (si bien contó a quién había votado normalmente, aunque tampoco hay forma de comprobar que no mintiera también en eso…). Él, que entró en política para denunciar los vicios de la clase política (no es el primer partido que surge con este ánimo, ¿verdad?), ha comenzado con la mentira. Pero ¡ay de aquel que se lo diga! Menudo es don Alberto: tras llamar a troche y moche corrupto, totalitario, censor; tras avalar un ingenioso vídeo en el que se usa como papel higiénico los periódicos que no nos dieron el trato deseado (eso sí es democracia, mientras lo haga Boadella; pero como lo hagan los de la clase política…); es decir, tras llamar de todo a todos, a Rivera le parece insoportable que le sometan a las prácticas lógicas del control político y se ha querellado porque la militancia, dice, es un dato privado. Supongo que si algún día no se siente orgulloso de su afilada retórica, pedirá que se prohíba dar difusión a sus discursos, porque su opinión es privada y no está obligado a revelarla.

Pero el caso más sorprendente es el de nuestro nunca suficientemente ex. Sí, José María Aznar replicó al vídeo del PSOE sobre la tregua del 98 exigiendo “que le dejen en paz”. El azote de rojos y separatistas, que, ya siendo ex nos ha explicado nuestra rendición a etarras y maricones, que nos explicó que la lucha de España contra Al Qaeda comenzó en el año 711 de nuestra era, que nos obsequia desde su multimillonaria fundación FAES con alegres vídeos llenos de mentiras cada dos por tres, nos pide que le dejemos en paz.

Hemos pasado del Do ut des al puño de hierro y mandíbula de cristal