Como es biensabido, los testigos de Jehová rechazan ser operados, pues la vida y la muerte son cosa que Dios da y quita (aunque la muerte no suele quitarla demasiado: Lázaro y algún niño mimado más). También sabemos que cuando otras confesiones rechazan alguna novedad y ésta se aprueba deciden que están sufriendo una persecución religiosa: así lo cuenta, por ejemplo, Charlie Dávila en La Razón, tal como muestra hoy Periodismo Incendiario. Pues bien, ayer se produjo otro ataque a la libertad religiosa: que se ataque a una minoría no es menos persecución que el matrimonio civil entre personas del mismo sexo.

Es seguro que para los testigos de Jehová, el trasplante de manos de una joven española será una afrenta. Varios medios, haciendo gala de un peligroso laicismo militante, como el ABC, La Razón, El Mundo y La Vanguardia, en cambio, se felicitan por ello.

Unos más que otros, deberían respetar más a las minorías religiosas y, al menos, no utilizar la palabra ‘manos’. Seguro que a los testigos no les importaría que se les llamara ‘apéndices’ y no se consumaría el ataque: como sucedía con la palabra ‘matrimonio’, vamos.