Desde que comenzó la legislatura, algunos medios de comunicación, algún partido y alguna asociación de víctimas, decidieron que los atentados del 11-M no podían quedar tal cual: noes que hubera que cuidar a las víctimas (¡qué más dan las víctimas!) sino que la versión definitiva no podía ser dañina para el Gobierno Aznar. Ello se concretaba en que no podía ser un terrorismo religioso, sino que debía haber alguna conexión con ETA.

Los inventos que se han elaborado han sido contradictorios entre sí (hasta el punto de resultar ingenuamente ridícula aquella primera versión de Múgica según la cual la autoría era de Al Qaeda, pero Vera había manipulado el CNI para que engañara al Ministerio del Interior e impidiese la detención de Mikel Antza que se iba a hacer el 12 de marzo ¡como regalo de despedida a Aznar!) y en ocasiones han caído en ridículos escandalosos (la cinta de la Orquesta Mondragón, la imprenta «bilbaína» que luego era madrileña y propiedad de un ultraderechista, o el sonoro ácido bórico), cuando no en abierta complicidad con terroristas.

En eso se ha basado buena parte de la oposición. La teoría de la conspiración presenta el siguiente panorama: el 11-M fue un pacto entre (la) ETA y el PSOE para que el PSOE ganara las elecciones y apartir de ahí rendir el Estado a los pies de ETA (la tregua) y destruir España (los Estatutos); no se sabe en qué papel queda la persecución religiosa y a la familia (supongo que eso es por la conjura masónica que domina al Gobierno), pero las redes de complicidades en el 11-M, según los teóricos de la conspiración abarcan a ETA, los gobiernos francés y marroquíes, el CNI, Rafael Vera, el PSOE, y según leí ayer en un delirante comentario de algún blog a la CIA. Quien piense que el atentado del día 30 manda a la papelera toda esta teoría, se equivoca.

Es un disparate. Pero el disparate es aún mayor cuando quienes lo emiten ligan estas teorías a la existencia de los GAL y la corrupción del felipismo. Flaco favor. Algunos de ellos contribuyeron a que salieran a la luz crímenes y robos. ¿Que se utilizaron de forma acordada, y en buena parte antidemocrática con intereses espurios? Es cierto ¿Que, visto lo visto, causa risa pensar que Aznar estuviera contra los GAL y que el PP se preocupara de Juan Guerra teniendo a Zaplana? Es cierto. Pero hubo GAL y hubo corrupción: hubo un Luis Roldán, un Mariano Rubio, una Filesa…

El empeño que tienen ahora y el protagonismo compartido (El Mundo jugó en la denuncia del GAL y la corrupción, un papel importante, aunque no tan protagonista como pretende: ¿nadie recuerda el Diario 16?), ligando ambas situaciones, sólo consigue emborronar aquellos hechos. Nadie, salvo fanáticos e ignorantes, cree en la teoría de la conspiración (tuve ocasión de comprobarlo al asistir, por motivos personales que no vienen al caso, a hacer fotos en una concentración de los Camisas, perdón, Peones Negros). Al ligarlos, lo único que está consiguiendo nuestra inteligentísima derecha, es desdibujar hechos antiguos que ocurrieron para, con mentiras actuales, desprestigiar aciertos pasados. Alguno habrá que empiece a tenerle simpatía a Vera gracias a los inventos de Ramírez.

Es otra de las inmensas contribuciones a la democracia que está realizando nuestra derecha.