Las posiciones de las élites políticas ante la ronda de conversaciones que abre mañana (y cierra pasado mañana) Zapatero, son básicamente tres:
-El PP pretende que se restituya el llamado Pacto Antiterrorista en el que estaban el PP y el PSOE.
-IU pretende que se constituya un nuevo pacto que incluya a toda la pluralidad política contraria a la violencia de ETA.
-El Gobierno vasco pretende seguir intentando resucitar el proceso de paz con las dificultades añadidas por el atentado del 30-E.

La propuesta del PP sería, en principio, realizable: dado que sólo entrarían en el juego dos partidos de estructura muy vertical, bastaría el acuerdo de dos cúpulas para firmar otra vez el papel aquel según el cual no se debe hacer política partidista usando el tema del terrorismo como arma arrojadiza. Sin entrar en el escaso carácter democrático de aquel pacto, parece claro que el Pacto (II) supondría una absoluta sumisión del PSOE a los criterios del PP (todo lo que no sea eso, es para el PP perseguirles) y el abandono de los socios parlamentarios (sean los que sean: confieso que en materia de apoyo parlamentario al Gobierno me he perdido) pasando a gobernar, de alguna forma, a la alemana. Pero si en periodo no electoral y con la tregua en la mesa, el PP ha hecho la oposición que ha hecho (ponga el lector los adjetivos convenientes), quien piense que con la tregua rota y a pocos meses de las municipales y un año de las generales el PP va a ser un leal partido de oposición democrática va dado.

La propuesta de IU es, tal cual se plantea, un brindis al Sol. Evidentemente es imposible, hoy por hoy, encontrar una redacción de un papel cualquiera que incluya al PP y a la propia Izquierda Unida, al PNV, a ERC, EA,… Doy por hecho que en realidad lo que Izquierda Unida propone es un acuerdo de las fuerzas que apoyaron/apoyan el proceso de paz, y si el PP no se suma, que cargue con ese mochuelo. No me parecería mal, en función de cómo fuera en concreto el pacto. Pero posiblemente el PSOE no esté en condiciones de mostrar un bloque tal cual, sino que le interese aparecer como una bisagra entre la caverna ultra y las minorías de izquierdas y las nacionalistas. Si tal pacto ofreciera la posibilidad de volver a buscar la paz a partir de las nuevas y dificilísimas circunstancias, perfecto. Pero ninguna de las declaraciones del PSOE parecen apuntar en esa dirección. ¿Podría hacerse un pacto de ese tipo entre las fuerzas minoritarias? Podría, y acaso no fuera malo en términos democráticos que los partidos que recogen un 20% del voto actuaran de forma unitaria en los temas en que coinciden; pero en este momento ese tipo de pacto sólo impulsaría al PSOE al acercamiento al PP. Y no parece demasiado deseable.

La propuesta del Lehendakari no es incompatible con la propuesta de Izquierda Unida y, además, es valiente. Es lo que desde aquí he defendido tímidamente estos días. Pero también hay que reconocer la infinita dificultad (hablando en términos meramente instrumentales: humanamente lo que se ha producido es un gigantesco desastre) que han introducido en una potencial continuidad del proceso de paz los dos inmigrantes asesinados. Nada puede simplemente continuar: las reglas de la partida, necesariamente, habrán cambiado.

¿Qué hacer? Una posibilidad, creo que muy sensata, es esperar activamente. Ni cruzar ni cerrar puertas. Hasta que sepamos exactamente qué ha pasado. Como si se tratara de un partido de fútbol, todos están pidiendo respuestas urgentes, como si el partido durara sólo 90 minutos. Pero todavía se baraja una escisión en ETA; todavía no ha salido a la luz el necesario comunicado de ETA; todavía no se ha dirigido en Batasuna la nueva situación; todavía dura la conmoción en todas las fuerzas que apoyaron el proceso de paz. Han pasado quince días y apenas sabemos nada.

«Largo, duro y difícil», nos decían. Y es verdad. Por ello toda urgencia es un paso contra la paz. La dureza ha aparecido por primera vez para Zapatero con la bomba del 30 de enero. La dificultad la ha habido desde el principio y ahora es mayor. Ahora pretenden que no sea largo. Pero no cabe otra posibilidad: analizar tranquilamente, con frialdad, en qué escenario nos movemos; tener contactos subterráneos que permitan entender qué sucede en el otro lado; reunir, en definitiva, datos que permitan trabajar con un objetivo prioritario: que no haya ni un muerto más.

NOTA: A pesar de mi edad y para superar la ignorancia que me atribuye un comentarista disconforme, sigo siendo estudiante. Por eso entro en la época de exámenes, por lo que durante un tiempo, probablemente escriba sólo un texto más o menos largo por la mañana y apenas vuelva a aparecer por el blog hasta la noche (salvo que en el curro me dé tiempo a escribir alguna cosita pequeña…)