Tradicionalmente, uno de los presupuestos básicos del liberalismo era la neutralidad del Estado. Así, el Estado no podía tener relación preferente con una u otra entidad, una u otra persona, una u otra ideología. Esa es, por ejemplo, la razón de que no se pueda ser liberal sin ser absolutamente laicista.

Cuando al gobierno del PP se le ocurrió que lo mejor para España era que EUA y Gran Bretaña bombardeasen a la población iraquí, un grupo de actores, directores de cine, etc. encabezaron la reacción ciudadana contra la potencial masacre. La reacción de muchos de los medios de la derecha fue denunciar que esa gente cobraba subvenciones del Estado y, por tanto, debían ser coherentes y no ponerse a hacer declaraciones contra el Gobierno. Hubo incluso algún periódico que publicó una relación de subvenciones recibidas por el cine español para denunciar esa «incoherencia». Detrás de eso había un presupuesto profundamente antiliberal y absolutamente asumido por nuestra derecha cuando está en el poder: si el Estado colabora con alguien, éste/a, queda comprado por el Estado. Nadie está diciendo ahora, por ejemplo, que dado que el Gobierno del PSOE ha subido inexplicablemente la financiación pública de la Iglesia Católica (propietaria de la COPE), ésta deba callarse y cambiar algunos de sus criterios morales por ese dinero (aunque sí por higiene intelectual).

Ayer se produjo la más aberrante amenaza antidemocrática que hayamos oído en mucho tiempo, al menos, en emisoras de audiencia no marginal. El lider moral del nacional-liberalismo, el gran Fede, se soltó ayer esta prenda que hoy recogen todos los blogs:

Y recuerden, señores ecuatorianos, que aunque el que mande tenga querencia progre o bilbaina, las tres comunidades donde están los ecuatorianos son Madrid, la Comunidad Valenciana y Murcia. Recuerden. Ustedes, por ignorancia, no por malevolencia supongo, se han metido en un enjuage siniestro para aislar al PP. Y les repito, señores ecuatorianos, las comunidades donde ustedes viven son del PP. O sea que ustedes piensen antes de meterse en según qué tinglados.

Se puede escuchar el corte entero aquí. Es de esperar que los gobiernos de Murcia, Valencia y Madrid pronto se desvinculen de las amenazas que en su nombre ha proferido el Gran Fede.

Así, ya no basta con cobrar del Estado: basta con vivir en una región (suponemos que siendo extranjero) para que el nacional-liberalismo entienda que es incoherente oponerse políticamente al poder. Toda oposición (al PP), si es que ir a una manifestación como la del sábado se puede considerar tal, es ilegítima. Y perseguible.

Asumen de forma descarada los principios antagónicos al liberalismo. Porque tienen muy poquito de liberales.