Mucha gente somos críticos con los efectos perversos de la forma en la que el sindicalismo se ha convertido en algunos casos en una forma de vida más que en una forma de canalizar protestas y encauzar el conflicto social a favor de los trabajadores. Percibimos algunos, con la injusticia que supone toda generalización, que se ha extendido como prioridad de los sindicatos la financiación propia muy especialmente desde que Felipe González consiguió cargarse las protestas sindicales que se dirigían contra su gobierno llevando al borde de la quiebra a UGT con el caso de la PSV. Desaparición o domesticación. Ganó la segunda.

La mirada peyorativa que han sufrido los liberados sindicales por parte de la izquierda responde a que se perciben casos de quienes aspiran a la liberación no como camino para la entrega al activismo sindical, sino como solución personal (algo que sucede también en muchísimos casos con los políticos liberados). La existencia de liberados puede ser un instrumento democrático de primera necesidad si éstos se dedican al fomento de la actividad sindical, a la protesta contra las injusticias y la defensa de los intereses de los trabajadores a quienes representan. Los liberados cuya actividad sea esa son una necesidad vital para una democracia que permita simplemente la aspiración a una mayor justicia social.

Desde que se han iniciado las protestas contra el negocio sanitario Güemes y Aguirre (consejero de privatización de la sanidad en Madrid y presidenta de la privatización de Madrid en general) éstos han denunciado que los liberados sindicales hacen sindicalismo. Entienden que su sueldo está para que estén calladitos, para que sirvan de domesticadores de los trabajadores: es la concepción del sindicato vertical en la que los representantes de los trabajadores trabajan por el bien armónico de la empresa, no por los derechos de los trabajadores.

Han hecho un vídeo señalando con nombres y apellidos a liberados sindicales protestando por el desastre al que los liberales liberados llevan a nuestra sanidad pública.

No considero tan aberrante la vulneración del derecho a la intimidad en sí misma. Imaginemos otra escena: un representante sindical de la sanidad madrileña yéndose de copas con Güemes y Aguirre y después pidiendo a los trabajadores que no se preocuparan porque la privatización es lo mejor que le puede ocurrir a la sanidad. Vería de perlas en un caso así que alguien hiciera un vídeo en el que apareciera tal liberado con nombre, apellidos, cargo y sueldo en su relación con los jefes. El problema más gordo es que el gobierno autonómico evidencia una concepción antidemocrática del sindicalismo: denuncian en su bochornoso vídeo (y en declaraciones previas) que los liberados sindicales hagan sindicalismo en vez de besar la mano que les da de comer.

Es una visión corporativista del trabajo y feudal de lo público: quien recibe dinero público tiene que estar al servicio sumiso del poder. Es la misma visión que tenían cuando denunciaban que los titiriteros que recibían subvenciones (no como Garci y Boadella) tuvieran un criterio propio y denunciaran genocidios auspiciados por nuestro gobierno. Lo escandaloso, para quienes tenemos un sentido democrático de la ciudadanía, sería que la recepción de subvenciones silenciara bocas, que la liberación de sindicalistas o de militantes políticos suponga una mordaza.

El escándalo es que gente con esta concepción de la democracia gane elecciones. Que además estén liberados es lo de menos.