La gravedad de la decisión anunciada el sábado por el Consejo Territorial del PSOE de votar a favor de todos los presupuestos que le presenten es de un calado demoledor. En principio aparecían las concretas paradojas propias como consecuencia directa de la decisión: el PSOE votará a favor de la privatización de la Sanidad en Madrid y de la corrupción urbanística en Murcia. Sería razonable que mis compañeros de Izquierda Unida en Rivas o en Córdoba pasaran olímpicamente de negociar con el PSOE el presupuesto municipal dado que, negocien o no, van a tener el mismo trato que Camps, Fabra y Sanz: un sí incondicionado. Dado que no es condicionado, compañeros, haced el presupuesto que os pete, que negociarlo es simplemente ceder gratis.

Más allá de estas consecuencias concretas nada anecdóticas, la decisión que tomaron el viernes a los postres antes de cantar el ‘Asturias patria querida‘ tal como la argumentó José Luis Rodríguez Zapatero es peliagudo: “Por interés del país, por interés de España“. No hace falta recordar ahora que Euskadi se quedó con los presupuestos prorrogados varios años por la táctica conjunta (y legítima salvo cuando Iturgaiz votaba por quince diputados ausentes) del PSE, PP y la izquierda abertzale: ¿estaban entonces trabajando contra el interés del País Vasco o simplemente se oponían legítimamente a un presupuesto que consideraban negativo?

Hay veces en que los dirigentes políticos actúan mostrando que se creen algunos de los tópicos más irreflexivos que se oyen en los bares. Corbacho y todo el PP, por ejemplo, han mostrado varias veces que se creen a pies juntillas que los inmigrantes quitan el trabajo a los españoles como dios manda. El sábado el Consejo Territorial del PSOE (no el PSOE, pues algunos de sus militantes mostraron tener muchas más luces que sus dirigentes) anunció la decisión de seguir el principio de que la política da asco y que los políticos sólo saben discutir. ‘Nosotros sabemos no discutir; que hagan lo que quieran, que daremos el nihil obstat’.

La defensa del interés común plasmada en la ausencia de discrepancia, de oposición, de crítica, de pluralismo (salvo donde haya una tercera fuerza política que sí se oponga) es un disparate cualquiera que sea la concepción de la democracia que uno tenga. La diversidad de puntos de vista no entorpece, sino que enriquece. Hay dos formas de entender la política. Una es la que la entiende como trincheras futbolísticas: del mismo modo que un aficionado del Atlético de Madrid es capaz de pensar que el primer gol anulado al Madrid era, efectivamente, fuera de juego, un diputado del PSOE (o de IU) se opondrá a un presupuesto si lo plantean los rivales; la otra es la que somete la política a criterios racionales: me opongo porque considero que tal presupuesto es nocivo y si se plantea uno razonable lo apoyaré aunque el gobierno esté en manos del otro equipo. El PSOE ha mostrado creerse la versión de la política equivalente al fanatismo deportivo; y en vez de pasarse a la otra visión, la que juzga críticamente y vota o no unos presupuestos en función de su contenido, ha decidido dejarse meter goles en propia meta para favorecer el espectáculo.

Doy por hecho que estos días vendrán las correcciones, los matices,… salvo que efectivamente nos encaminemos hacia lo que vaticinó el sábado Javier: un gobierno de concentración. Que es lo que faltaría.