Ayer nos sorprendió a bastante gente el artículo en Público sobre el libro que se presenta hoy, Al rojo vivo. Un diálogo sobre la izquierda de hoy, que es un diálogo entre Almudena Grandes y Gaspar Llamazares. El artículo se centra en la defensa que hace ella (Llamazares no está de acuerdo) de la creación de un partido político de izquierdas: se supone que está hablando de desgajarse del PCE y constituir un partido político con lo que quedaría. Según lo que aparece en el artículo, piensa Almudena Grandes que buena parte de la crispación que ha existido en IU se debe a que es un movimiento político y social o lo que sea, pero no un partido. Es decir, la causa de la crispación es el intento de introducir en la misma caja ingredientes demasiado diferentes.

Creo que en tal percepción hay errores, pero también una intuición que comparto. Hay errores porque resulta una evidencia que ni la crispación ha venido sólo del PCE (no hay más que ver la denuncia interpuesta por Izquierda Unida de Asturias rechazada por el propio Gaspar Llamazares o los comunicados de IU Abierta  durante el mes de agosto). En general, estoy bastante convencido de que gran parte de la bronca en Izquierda Unida se debe menos a diferencias políticas que a incompatibilidades personales (que en algunos casos fuerzan posiciones políticas increíbles). No hay que olvidar que precisamente cuando más partidos convivieron con cierta paz en Izquierda Unida coincidía la coordinación de IU con la secretaría general del PCE: una coincidencia cuyo fin resulta de lo más higiénico, pero que muestra que señalar al PCE como la enfermedad de IU es una ficción. No me quiero meter en casas ajenas, pero da la impresión de que el PCE padece enfermedades muy parecidas a las de IU y que casi siempre cuando propios y ajenos hablan del PCE se refieren a algo muy distinto de la estructura real que agrupa a los afiliados y afiliadas al Partido Comunista de España. Tampoco la creación de un partido es la solución a las broncas internas: pueden mirar dentro del propio PCE, o lo que sucedió en Corriente Roja, que sufrió escisiones al poco de escindirse ella misma.

Si afirmo que alguna razón tiene Almudena Grandes es porque lo que sí sucede, pero no tiene nada que ver con el carácter de partido o de movimiento político y social, es que casi nadie encuentra un vínculo de lealtad principal con Izquierda Unida. Casi todos, y más cuanto más arriba se mire, tienen esa lealtad principal con su grupo familiar y no dudarán en hacer un daño inmenso a Izquierda Unida si con ello consideran que defienden a tal grupo. Pero identificar esa lealtad con la militancia o no en el PCE es un error: fueron desleales con Izquierda Unida en su conjunto quienes amenazaron hasta hace pocos días con impugnar la celebración de la IX Asamblea; lo fueron quienes actuaron como se hizo con EUPV (federación valenciana de Izquierda Unida con la que cometió la dirección el error que probablemente le ha costado la IX Asamblea: yo también cometí el error de no darme cuenta de la gravedad del asunto); lo fue quien estuvo a punto de romper la federación madrileña para ser candidato a alcalde de una ciudad cuyos militantes no querían ese candidato; y también lo fue quien en plena campaña municipal atacó personalmente a Llamazares. Todo ello no tiene nada que ver con el carácter de partido o de movimiento político y social, sino con que el grupo reducido se ha convertido en el núcleo de lealtad principal de mucha gente, especialmente de dirigentes a renovar.

Defiendo el carácter de movimiento político y social por pura salvación personal. Un partido tiene ideología; un partido puede ser un partido de clase. Un movimiento político y social une a la diversidad no mediante ideología ni clase, sino mediante un programa político y una organización democrática. Si no me he afiliado al PCE es, entre otras cosas, porque tengo demasiadas dudas sobre mi propia ideología (creo que escribo tanto para intentar resolverlas: sin éxito). Es mucho más cómodo unirse por algo tan laico como el programa político, nuestras propuestas: el día que nos centremos en ellas (el 17 de noviembre) no será tan difícil ponernos de acuerdo.

El problema de las lealtades creo que tiene un doble origen: las diferencias personales y las redes clientelares generan esa primacía de la lealtad miope; y el escaso entusiasmo que genera hoy IU a mucha gente hace que se encuentre el refugio en un núcleo más cercano (no necesariamente es una cercanía política).  La renovación de personas es necesaria para solucionar el primer problema; la refundación profunda, leal, democrática y respetuosa puede generar el entusiasmo que nos hará valorar a Izquierda Unida como algo demasiado valioso como para arrojarlo por la basura para salvar nuestro pequeño grupo.