Uno de los problemas de comprensión entre quienes nos situamos en espacios políticos parecidos es que no decimos lo mismo cuando utilizamos la misma expresión. La más acabada de las confusiones es el uso de la frase “soy de izquierdas” que utiliza toda una región ciudadana ya vote a Ciudadanos, ya al PCPE, ya se abstenga. En esa región, efectivamente, hay quien es de izquierdas, pero hay quien simplemente está en la izquierda.

Estos últimos se definen furibundamente izquierdistas, generalmente lo expresan rechazando a la derecha, pero no es extraño que suelten latiguillos racistas o machistas, por ejemplo. Es una izquierda absolutamente acrítica, que defiende a ‘los suyos‘, no las prácticas y los discursos: no es una izquierda laica. Son personas que han caído en la izquierda por diversas razones que nunca son la coherencia política entre lo que se dice y lo que se hace. Puede ser por tradición familiar, por convicciones de juventud que le han colocado ahí sin haber terminado nunca de reubicarse, o porque los amigos escuchaban a Manu Chao. Las razones pueden ser infinitas.

Son de izquierdas como yo soy del Madrid. Porque sí, porque desde pequeño me han dicho que soy del Madrid, pero eso no me diferencia en nada sustancial de alguien del Nástic de Tarragona.

¿Hay que rechazar a los compañeros de viaje cuya ubicación en la izquierda sea geográfica y no ética? No necesariamente, porque no hay razón para pensar que son perversos: están en un lugar como podrían estar en otro, no tienen un discurso articulado. Pero siempre es mejor que estén en este lado que en el otro, y será la tarea de quienes son de izquierdas la muestra de una ética diferenciada y la llamada de atención sobre aquellos latiguillos que sí demuestran una ética perversa.

Sin embargo hay un tercer bloque que sí es un obstáculo para la izquierda. Aquellas personas que se han colocado en la izquierda con una clarísima ética de derechas a pesar de hacer a veces un discurso encendidamente izquierdista. Son personas que no dudan en convertir la trampa en estrategia política. Sea la financiación ilegal, sea el hinchado de censos, sean las prácticas mafiosas para alinear a la gente tras uno (“Si no vas en mi lista, luego no me pidas que te defienda de éstos“, puede decir alguno).

Estos no sólo son peligrosos porque muestran que en el fondo todos son iguales. También porque son quienes siempre llevan las de ganar. Pero sobre todo porque, ante la ventaja que gana el tramposo, generan la tentación en la gente que sí es de izquierdas de comportarse como el otro siquiera para neutralizarle. Es la metástasis que mata.