En una ocasión en que Esperanza Aguirre escuchaba algunas demandas de las víctimas de los atentados del 11-M (por ejemplo que la Comunidad de Madrid les proporcionara atención psicológica tras el trauma) les contestó con el desparpajo y la miseria acostumbrados en esta señora: ‘Si con la indemnización que os han dado, es como si os hubiera tocado la lotería…’. Después se ha dedicado a marginar a la única asociación de víctimas del terrorismo madrileña que no se sometía al dictado de sus propagandistas y que ha preferido buscar la verdad a inventarse lucrativas historias de ficción sobre la muerte de sus familiares. Llegó incluso a crear una asociación afín: dada la escasez de víctimas que toleraran tal humillación, se le llamó ‘Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M‘ y participaba en los akelarres que montaban el PP-Cope-AVT en Atocha los días 11 de cada mes.

Telemadrid, el canal propiedad de los madrileños que maneja en usufructo Aguirre para su propaganda, se ha dedicado en los últimos años a la defensa de las locas historias aventuradas por la Cope, el PP y El Mundo, a dificultar la posibilidad de pacificar el País Vasco y a humillar a las víctimas del terror franquista. Hace pocos días Aguirre acudía a entronizar a Pablo Casado, el niño imbécil que dirigirá las Nuevas Generaciones del Partido Popular en Madrid, el niño que se hizo famoso por referirse a las fosas comunes donde unos asesinos abandonaron a sus víctimas  que ahí siguen como “las fosas de no sé quién”, entre grandes risas y aplausos.

En Bombay Esperanza Aguirre demostró exactamente su escala de prioridades en lo referido al terrorismo: sólo es importante en función del provecho que ella pueda sacar. No se le ocurrió a Esperanza Aguirre quedarse siquiera a acompañar de vuelta a la expedición que ella comandaba, y dio la espantada en el primer minuto. En cuanto pudo escapó de donde había todavía gente retenida del grupo que ella había llevado a Bombay. Y nada más llegar dio una rueda de prensa… en la que sólo habló de sí misma. No había visto gran cosa, no le pasó nada y no corrió un gran riesgo salvo en el coche que le llevaba en su huida al aeropuerto. Mientras había cien muertos, cientos de heridos y todavía decenas de personas retenidas (a estas horas hay dos españoles entre ellos), Esperanza Aguirre sólo dijo que no estaría tranquila hasta que volvieran todos y pasó a lo importante: ella se había quedado descalza, ella había pisado sangre, ella había oído ruido, ella no sabía que era un ataque terrorista (¿pensaba que era folklore local?), ella había ido al aeropuerto y pasó cerca de un coche bomba, ella leyó la prensa internacional en el avión, a ella le dejaron unos calcetines en el avión, fue el peor día en la vida de ella, ella no va a salir de casa y va a poner antideslizante en la ducha, ella…

Quienes no somos mezquinos, no vemos a los muertos como una fuente de riqueza, la muerte no es para nosotros como la lotería. Personalmente me alegro muchísimo de la supervivencia de Esperanza Aguirre, pues el único sufrimiento personal que le deseo es una dura derrota electoral de la que me alegraré muchísimo. Pero de alegrarme a considerar honorable a esta persona va un trecho imposible de recorrer.