Con el desparpajo y la dicción que le caracterizan, Juan Carlos de Borbón puso voz en un vídeo emitido el 24 de diciembre a un discurso escrito por diversas manos. En él nos pidió que nos pusiéramos los súbditos (y puede que las súbditas) a “tirar del carro” de la economía. No dijo “tirad del carro como la Reina y yo“, porque estos discursos no se caracterizan por su sentido del humor.

Me empezaba ya a colocar el yugo sobre los hombros cuando me di cuenta del serio aviso que suponían las palabras del líder de audencia de las nochebuenas televisivas. Recordé que él no era el primero en pedir a alguien que tirara del carro. Esa frase se convirtió en un reiteradísimo latiguillo cuando alguien le pidió a Raúl González que tirara del carro de la selección española de fútbol. Pocos meses después la selección española de fútbol se deshizo de Raúl y el carro empezó a ir divinamente.

Sospecho que algo así es lo que pide Juan Carlos de Borbón. Que nos pongamos a tirar del carro (trabajar más horas a menor salario, recibir ¡menos! prestaciones sociales, apostar por el diálogo social y no por la defensa de derechos, renunciar a la estabilidad laboral…) de la economía. Una vez puesta la economía en marcha, ésta vuelve a mandar al guano a los bueyes: tras la subida de la cuesta, se llega a la bajada y por ella los bueyes no hacen más que frenar la velocidad que es capaz de coger el carro. Y hasta la siguiente cuesta arriba. O sea, como Raúl: tira del carro y luego la prima por la Eurocopa se la llevan otros (en la foto vemos a Luis explicándole a Juan Carlos la idea: “que tiren del carro ellos y luego te pillas a su costa una como la que llevo yo ahora mismo“).

Tras recordar a Luis Aragonés (fuente intelectual siempre inspiradora) decidí quitarme el yugo de encima. No, del carro tienen que tirar quienes se hicieron de oro, tienen que tirar las personas a quienes estamos inyectando miles de millones de euros, quienes se subieron a un carro tirado por gente que no podía comprar pisos objeto de la especulación, que no llegaba a ganar mil euros al mes, que si conseguía trabajar era a través de una ETT permitiendo que con su trabajo otros pasaran del carro al Ferrari. Del carro que  tiren los buenos amigos de Juan Carlos de Borbón que queden en libertad.