Para apuntes como éste suelo recurrir al diccionario y así no pillarme los dedos. Busco en el DRAE “mafia“:

(Del it. mafia).

1. f. Organización criminal de origen siciliano.

2. f. Cualquier organización clandestina de criminales.

3. f. Grupo organizado que trata de defender sus intereses. La mafia del teatro

4. f. P. Rico. Engaño, trampa, ardid.

Ninguna es enteramente satisfactoria. Las dos primeras son demasiado específicas (hay que ser de origen siciliano o ser clandestino), además de que el sentido de “criminal” no parece limitarse a la vulneración del Código Penal, sino que tiene una connotación claramente armada: criminales de esos que dejan una cabeza de tu caballo en el pie de la cama la primera vez y te acribillan a balazos en tu cama del hospital la segunda. La cuarta es un localismo puertorriqueño que no se refiere a grupos, sino a acciones. La tercera valdría para cualquier grupo que no tire piedras contra su propio tejado. Los indigentes que se pusieron de acuerdo para editar un periódico, “La farola”, y venderlo para ganar unas perras (defender sus intereses) no son lo mismo que lo que quiero señalar en este apunte.

El Partido Popular y su quintaesencia, el PP madrileño, no salen a la calle con metralletas. No han matado a nadie, o al menos no nos consta. No son una mafia en ninguna de las dos primeras acepciones.

Sin embargo comparte con aquellas mafias un modelo ético. No sólo hay quien utiliza técnicas claramente ilegales (y antiliberales, por cierto) para mantener la fidelidad de los propios, como se mostró en la película de ayer sobre Ignacio González (el de ¡vayase, señor González!). No sólo arropan a los propios por muy poco claras que estén sus fuentes de ingresos: sabemos que un dossier sobre Ignacio González, elaborado por la misma gente que le espiaba tan de cerca o por otra gente que también le espíaba, incluía un capítulo 4.2 de “Delitos de prevaricación“; también sabemos que a L.B. le dan los bancos 330.000 euros en billetes, como a todo el mundo.

También persiguen e intimidan al contrario, persiguen a quienes señalan la podredumbre desde la legitimidad de tener las manos limpias. El Partido Popular perdió ayer su segunda querella ridícula contra alcaldes de Izquierda Unida por inventos de bajísima estofa. Perdieron la imbécil querella contra Montse Muñoz y Julio Setién y ayer perdieron otra no menos imbécil contra Pepe Masa. El Partido Popular sabía que estas querellas no iban a ningún lado. Pero mientras, ha asustado y desprestigiado a personas honradas para tratar de generar un aire cargado de mierda en el que confundamos a los ladrones y a los honrados. Por el camino se han cargado la posibilidad de la candidatura europea de Montse Muñoz, pues ella ha mostrado un listón ético cuya altura resulta marciana para cualquier militante del Partido Popular.

Hace falta una quinta definición de mafia. Una definición que diga que mafia es también una organización que tiene los mismos vericuetos morales que las organizaciones mafiosas clásicas, pero que no utiliza los mismos medios por el simple hecho de haber nacido en otro espacio y en otro tiempo con otros usos y costumbres.

En la boda de Constanzia habrían estado Granados y González, dando obsequios y pidiendo a su padre venganza contra esos rojos cabrones que nos persiguen por hacer lo de toda la vida.