El señor de la izquierda de la foto (izquierda que en esta fotografía no puede ser más que geográfica) fue el anfitrión de la Cumbre de las Azores. Su nombre está ligado a la infamia, al genocidio que las bombas emprendieron contra le pueblo de Irak. El día que la humanidad consiga juzgar a George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar, tendrá que juzgar también a José Manuel Durão Barroso como cooperador necesario.

Mientras los otros tres han sido expulsados a la cloaca moral de la humanidad (donde por otra parte se gana mucho dinero) la Unión Europea tuvo la indecencia de elegir a Durão Barroso presidente de la Comisión Europea hace cinco años. El nuevo parlamento europeo, que se elige el próximo 7 de junio, tendrá que aceptar una Comisión Europea presidida de nuevo por el anfitrión de la cumbre de las Azores o deponerlo, como hemos hecho en Estados Unidos, España y Reino Unido con sus invitados.

El Partido Popular Europeo lo tiene claro: la Unión Europea debe persistir en su complicidad con aquel genocidio. El grupo europeo del PSOE, en cambio está dividido. Los portugueses están a favor de que siga su compatriota; los ingleses de Gordon Brawn no tienen nada que reprochar a Durão Barroso que no hicieran ellos mismos… Durão Barroso sólo tiene otro aliado en ese grupo: José Luis Rodríguez Zapatero, que ha contribuido a evitar la opción de sus compañeros socialistas de sustituir al anfitrión de las Azores por ex primer ministro danés Poul Nyrup Rasmussen. El apoyo de Zapatero al anfitrión de las Azores es «firme» y «permanente».

Todo esto sería un detalle sin importancia de un presidente cada vez más cómodo en cumbres internacionales y reuniones con Botín, si no fuera por el cinismo de quien siempre que puede recuerda al PP que estuvieron en las Azores. Quienes estamos convencidos de que en aquella cumbre de las Azores se cometió un crimen contra la humanidad que merece ser juzgado nunca apoyaríamos que el anfitrión de aquél crimen tenga cargo alguno con nuestro voto. Es una de las tantas cosas que se deciden el 7-J: si apostamos por discursos de buen rollo absolutamente incoherentes con sus prácticas, por discursos de mal rollo coherentes, o por la izquierda que no avala la infamia a cambio de una acreditación en nuevas cumbres.