Tras el impactante vídeo del asesinato de Carlos Palomino que publicó El País, no he escuchado a absolutamente nadie llamar a ese militar fascista y asesino “antisistema“. Esa es una palabra destinada al asesinado. El tipo que prepara su puñal antes de que entre nadie en el vagón, el tipo que clava el puñal en el corazón de un joven molesto ante la presencia del fascismo, el tipo que recorre el tren del metro arriba y abajo en busca de más víctimas para contentar su instinto asesino, no es “antisistema“.

Antisistema son aquellos, como Carlos Palomino, que fueron a protestar porque un grupo se manifestaba a favor de echar a coces a las personas más desprotegidas de nuestra sociedad. No es antisistema el maldito canalla Ricardo Sáenz de Ynestrillas en cuyo blog justifica el asesinato, que engloba en la legítima defensa: si alguien dijera eso de una persona a la que matara ETA duraría cinco minutos antes de que Grande Marlaska lo metiera en prisión. Ynestrillas no es antisistema, sino un delincuente de tres al cuarto, algo violento y pirado; él sí es una víctima del terrorismo, Carlos Palomino, no.

Cuando fue asesinado Carlos Palomino se convocó una concentración de protesta. Es lo que suele suceder cada vez que hay un asesinato político. Pero como el asesinado era un antisistema la delegada del gobierno (felizmente depuesta, aunque no en aquel momento) prohibió la concentración y la disolvió a palos. La concentración racista a la que había ido el asesino de Carlos, en cambio, había sido autorizada por la misma delegada del gobierno, como después autorizó otras cuantas manifestaciones de odio xenófobo.

Curioso sistema aquel que considera que son antisistemas quienes mueren a manos de los racistas y no los racistas que los asesinan. Es comprensible. El asesino de Carlos llevó hasta sus últimas consecuencias la esencia de nuestro sistema. Machacar al débil implacablemente. Un sistema que aprueba la directiva de la vergüenza con la práctica unanimidad de las fuerzas políticas no puede considerar contrario a sí mismo a quien exige que se largue de una coz a la oveja negra.

Cuando seleccionan a quién llaman antisistema y a quién no, lo que hacen es definir qué entienden por sistema. Si antifascista es sinónimo de antisistema, no hace falta ser filólogo para saber de qué es sinónimo este sistema.