Cuando gobernaba el ínclito Aznar, su gobierno bloqueó que se juzgara en España a Pinochet. Aznar se cree tan inteligente que no oculta sus miserias (pues desconoce tenerlas) y no escondió su apoyo a la inmunidad de criminales porque un estadista de nivel nunca le hace ascos a un criminal de estado. El PSOE se agarró a aquello e incluso en sus primeros años de gobierno presumió, como se ve en la foto, de ser los campeones de la persecución de criminales de guerra, dictadores, genocidas…

En principio los perseguidos tenían dos características: eran extranjeros (nuestros criminales patrios son santurrones de la transición) y habían cometido sus crímenes en países de segunda fila, a poder ser ex-colonias españolas (salvo Guinea Ecuatorial y el Sáhara Occidental donde los crímenes suelen contar con el guiño cómplice de nuestros gobiernos y empresas).

La cosa empezó a ser molesta cuando la persecución de los crímenes empezó a mirar a estados poderosos (Israel, Estados Unidos) y terminó de joderse cuando alguien investigó el genocidio español. Por ahí ya no pasamos. Podemos hacernos una foto que nos dé votos siempre y cuando ello no suponga inquietar el statu quo criminal del mundo.

Como es lógico fue la ministra de exteriores de un gobierno genocida, el israelí, quien anunció al mundo que la farsa española se terminaba: Moratinos le había prometido que en España no se investigarían más crímenes y que aquel titular (“El PSOE luchará para que no haya más tiranos como Pinochet“) ya había dado los votos necesarios. Hace un par de días el PSOE y el PP alcanzaron un acuerdo por el cual nuestros tribunales mirarán para otro lado en los casos de crímenes de guerra o contra la humanidad.

Zapatero ha mostrado con ello una mezquindad superior a la que tuvo Aznar en esta materia. Aznar al menos fue coherente: quería a todos los tiranos y genocidas en la calle. Zapatero quería ser un tutor de nuestras colonias: encerrar a los torturadores chilenos, argentinos,… con la solemnidad de quien dice tener principios; pero a los poderosos ni tocarlos.

No podemos ser los jueces del mundo, dicen ahora, pero sólo quieren decir que sólo podemos juzgar a nuestros inferiores. Asqueroso, vaya; pero previsible.

——————————-

NOTA: Han escrito al respecto Eva, Kabila, Juan y Lidia.