Sabíamos de Berlusconi que es un corrupto, un demagogo, que cambió la legislación para evitar ser juzgado por delitos económicos, que ha legalizado una suerte de brigadas ciudadanas para sembrar el terror, que se ha aliado con cuanto fascista ha podido reivindicando él mismo la época del Duce, sabemos que somete la legislación y los derechos civiles a la moral teocrática del Vaticano y que, por tanto, ha hecho todas las declaraciones machistas y homófobas que se le han ocurrido.

Todo ello ha llevado a los italianos a votar a Berlusconi: han votado y posteriormente, por si quedaban dudas, recuperado al corrupto parafascista clerical.

Ahora Berlusconi está en horas bajas. Se ha descubierto que entre sus corrupciones rutinarias estaba la de llevar gente con transporte del estado a una finca suya para celebrar fiestas privadas. Esa fue la acusación inicial. Y como a nadie parecía importarle que se acreditase de nuevo (y por un asunto tan menor) que Berlusconi es un corrupto empezaron a contar en qué consistía la fiesta.

Primero era sólo una orgía un tanto cutre: algún pene suelto y bastante topless. Luego empezamos a conocer que algunas de las invitadas cobraba por asistir y acabar en la cama con alguno de los señores importantes, especialmente con Berlusconi. Lo último es que podría haber corrido la cocaína en la fiesta.

Pues qué bien. No tengo ninguna simpatía hacia las personas que usan la prostitución. Pero al lado del currículo de Berlusconi es un asunto menor y cuando comenzó el escándalo de la orgía no se sabía que los polvos eran de pago, por lo que esa no es la razón del escándalo: además es un asunto privado, pues sería igual de putero sin sus privilegios políticos. En cuanto a la cocaína, lo único reprochable es que los mismos políticos que prohiben su uso para la gente de a pie la usen en sus encuentros.

Acaso el asunto sea la hipocresía de quien da lecciones de recta moral vaticana mientras organiza bacanales paganas. Pero escandalizarse hoy por la existencia de dobles y triples morales entre quienes nos dan lecciones de rectitud y seriedad debería resultarnos al menos antiguo para quienes vivimos en una monarquía católica y borbónica (¿para cuándo sacará El País unas foticos de fiestas zarzueleras?).

No negaré que es divertido ver a Berlusconi humillado, pero hay que reconocer que eso es sólo una cuestión de bajas pasiones. Que un personaje como Berlusconi acabe sufriendo sólo por putero y coquero es un fracaso histórico de Italia. Si hay que insultarle, mejor seguir llamándole fascista corrupto; aunque eso le dé votos.