Hace unos días Pascual Serrano publicaba un demoledor artículo comparando la situación de la bloguera más famosa del mundo, Yoani Sánchez, con un desconocido bloguero llamado Kareem el Behirey que sufrió una brutal represión por expresar en su blogs sus ideas. Yoani Sánchez, autora del blog Generación Y, ha recibido decenas de premios internacionales y la solidaridad y entrevistas de centenares de blogs.

Se nos presenta a Yoani como una víctima de la censura del régimen cubano. Como sabéis quienes sois habituales de este blog no soy precisamente acrítico con el régimen cubano (ni con ninguno: soy ateo). Si alguien me hubiera contado qué clase de censura sufre Yoani me solidarizaría con ella aún disintiendo de lo poco que he leído de sus escritos. Pero es que no consigo que me aclaren en qué consisten sus padecimientos.

Sólo he conseguido encontrar que una vez el Ministerio del Interior canceló un encuentro de blogueros que había anunciado medio año antes (sin que en esos seis meses aparentemente nadie le comunicase dificultad alguna) y que cuando ella llamó cobarde a un policía por no querer firmarle un papel éste le gritó: algo que sitúa a la policía cubana en el lado suave de ese eje del mal del que forma parte cualquiera que se ponga un uniforme, especialmente si éste tiene gorra.

Las denuncias de censura se refieren a los problemas de acceso a internet que tienen todos los cubanos (partidarios y detractores), pues en Cuba el acceso a la red al parecer es malo y caro (algo de lo que, mala suerte, sólo se puede culpar a EE.UU. desde donde se impide un mayor ancho de banda para la isla) y que cuando empezó a ser conocido en el extranjero el blog, éste se caía fruto de la avalncha de visitas.

Puede que me falte información, pero me da la impresión de que en este caso el censor está desnudo. Si verdaderamente Yoani Sánchez ha sufrido algún tipo de censura, por favor que me lo aclare quien lo conozca en los comentarios.

Y no me faltan datos para asegurar que quienes seguro que están desnudos son casi todos los denunciadores de la censura sufrida por la heroína Yoani. Ayer se produjo en Italia, país con el que participamos en el No al decreto Alfanoparaíso de las libertades que da lecciones al mundo, una huelga de blogueros contra el decreto Alfano. Según esa norma cualquier persona puede exigir a un bloguero que publique una rectificación a un texto que haya aparecido en su blog (incluso como comentario) y si en 48 horas no la ha publicado tendrá que indemnizarle con 12.000; no hace falta ninguna sentencia judicial para que quien escriba el blog esté obligado a publicar una rectificación que no comparte. Pocos blogs han denunciado en España la norma, a pesar de que su importación supondría un grave daño a la libertad de expresión atomizada y descentralizada tal y como la deseamos en todo el mundo… algunos.

Por ejemplo: el embajador de Israel podría obligar a JavierM a publicar en Moscas en la sopa una réplica que avalara los crímenes terroristas del ejército de Israel. En Irlanda, mientras, podrían cerrar el otro blog de Víctor, pues negar la existencia de dioses es allí desde hace unos días delito por ofender a los supersticiosos.

No es sólo Kareem, ni es sólo Italia, ni Irlanda; tampoco fue sólo Jaume, por cuya libertad firmamos hace año y medio muchos, pero ningún dirigente de su partido actual (el manifiesto por la libertad de Jaume D’Urgell ha desaparecido de su web a raíz de que señalé en twitter la ausencia de dirigentes socialistas, pero eso son chiquillerías de acróbatas que necesitan red). Cada vez que cerca de nosotros se vulnera la libertad de expresión somos muy poquitos quienes lo denunciamos, siempre cómplices con el censurado. En el caso de marras tengo clarísimo que Yoani Sánchez no piensa como yo, pero también que tiene que gozar de libertad para escribir su blog: lo que sucede es que con los datos que tengo, Yoani es plenamente libre para escribir que los pollos de Estados Unidos están más ricos que los cubanos, según aprendemos en su último texto.

Estamos rodeados de una cultura del silencio y la mordaza apabullante que sólo disimula disfrazando de causa de la democracia una de las más grandes operaciones de marketing político en la red.