A la gente con pasta les gusta gastar. A nosotros también, pero de otra forma. Si vemos un bar en el que cuesta la caña 90 céntimos y nos ponen una tapita de gambas al ajillo le pedimos al camarero cuatro cañas por barba para empezar. Ellos no. Ellos ven un bar con ese precio y comentan «Este bar parece que no está muy limpio; y las gambas son congeladas, fijo». Se van al bar de enfrente, que es más caro. El propio hecho de ser más caro hace que a la gente con pasta les sepa mejor la cerveza; las gambas del bar de enfrente también son congeladas, sí, pero no para ahorrar, sino para evitar el anisakis, así que estas gambas están deliciosas.

Díaz Ferrán ofrece su mano para negociarHace unas semanas nos preguntábamos por la lógica de los liberales que para evitar despidos proponen su abaratamiento. Decíamos que cuando quieren que se consuma menos alcohol o menos tabaco suben su precio y que los despidos serían el único producto de consumo que se desincentiva con la bajada de su precio.

Los liberales manejan criterios científicos que se nos escapan. El tabaco y el alcohol suben de precio y baja su consumo, porque se hace más difícil que en un bar nos pongan la cañita con gambas a 90 céntimos y por lo tanto pediremos menos.

Pero no todo el mundo puede dejar en el paro a decenas de personas. La CEOE representa a esos señores que se han ido al bar de enfrente y que sólo consume las cosas cuando son caras. Despiden porque lo ven caro. Pero cuando el despido sea tan barato como ellos quieren les empezará a parecer un tanto hortera despedir a los trabajadores. «¿Has hecho un ERE? ¡Qué vulgaridad! ¡Eso está al alcance de todo dios! Yo a los míos les he duplicado el sueldo. Me voy a tomar un aperitivo. Tú qué, ¿al bar ese de las gambas congeladas?».

La CEOE lo hace por nuestro bien. Conoce sus vicios y sabe que en cuanto el despido sea una auténtica baratija ninguno de ellos despedirá a nadie. Si lo ponen gratis no habrá empresario que se ponga a despedir, así, en plan pobretón.