Se cumplen cincuenta años desde el nacimiento de ETA en 1959. Ninguna otra organización de las que surgieron en aquellos años se mantiene operativa. ETA sí.

Ante la bomba del martes la izquierda abertzale batasuna reiteraba su discurso de siempre: “ETA nunca ha planteado la solución al conflicto en términos de victoria militar; más bien al contrario, siempre ha manifestado su apuesta inquebrantable por una solución negociada al conflicto“. Sí, siempre. Ante la bomba mortal de ayer responde con exactamente la misma letanía.

En el otro lado… “Debemos ser prudentes y responsables. Hay que evitar manifestaciones triunfalistas por bien que vayan las cosas (…) Todo ello, junto a la acción policial nos permite decir que se empieza a ver luz al final del túnel. No voy más lejos porque estoy convencido de que el terrorismo todavía nos hará sufrir”. ¿Rubalcaba? No: el entrecomillado es de una entrevista a Corcuera en la revista Tiempo en 1992 que cito frecuentemente: la luz al final del túnel se veía tan nítida como hoy hace diecisiete años.

Van cincuenta años y todo parece inmóvil (salvo que hay gente que ayer estaba viva y hoy no), pero no es verdad, claro que hay cambios. La permanencia de ETA nos ha cambiado a todos a peor. La izquierda vasca, una izquierda con un potencial insólito por su capacidad de tejer redes sociales, está desaparecida y dividida: se ha convertido en un agente políticamente irrelevante, en una mera sucursal del brazo armado. Los partidos constitucionalistas han emprendido el camino de la dureza antidemocrática ilegalizando periódicos, asociaciones y partidos políticos. Algo que hace sólo trece años le parecía una estupidez hasta a los más reaccionarios.

Incluso quienes siempre hemos defendido salidas democráticas dialogadas, quienes contra viento y marea hemos defendido el derecho de autodeterminación y la recuperación de derechos civiles y políticos sin acercarnos ni un paso a la dinamita estamos ya infinitamente desganados. Seguro que habrá quien siga dejando sus mejores esfuerzos en el intento. Otros hemos abandonado por agotamiento.

Cincuenta años más tarde ETA sólo consigue enfangar todo lo que rodea al asunto vasco: tras cincuenta años no estaría de más que ETA hiciera un balance. No obviamente el del sufrimiento y el dolor causado e incluso padecido. Ese balance es demasiado evidente como para seguir recordándolo. ¿Qué han conseguido en estos cincuenta años para su gente y para su causa? ETA es hoy la gran excusa (aceptada hasta por el TEDH) para reforzar el centralismo, para conseguir eliminar libertades hasta hace poco intocables, para justificar la marginación política de más de un 10% de los vascos…. ¿a cambio de qué logro? Para todos los demás resulta demasiado evidente que el balance del dolor haría injustificable la existencia de ETA incluso aunque fuera un instrumento eficacísimo para objetivos políticos legítimos. No es que sea sólo ineficaz, sino que es incluso contraproducente para quienes sólo hacen un balance de los fines sin reparar en los terribles medios: los fines a los que se supone que aspira ETA se alejan gracias a los medios que utiliza todavía ETA.

Cincuenta años lo son todo. Sirven para darse cuenta de que esta historia no puede durar ni un minuto más. Pero a poca atención que prestemos nos daremos cuenta de que probablemente dentro de cincuenta años, ante otra bomba, nos dirá el nieto de Otegi que hay que intentar el diálogo; y el de Rubalcaba que ETA está en fase terminal. Y mi nieto estará aún más cansado que su abuelo.