Cuando los cruzados de las Azores decidieron ocupar Irak, Olga Rodríguez contaba desde Bagdad los bombardeos. Recuerdo alguna vez en la que contaba un anochecer sobre el río Tigris: daban ganas de estar en Bagdad disfrutando de aquel maravilloso espectáculo de la naturaleza. Inmediatamente Olga Rodríguez le devolvía a uno a la realidad: las bombas, los edificios derruidos, los civiles muertos, las familias destrozadas. Aquella maravillosa ciudad era un lugar de sufrimiento porque los poderosos lo habían decidido así.

En la pasada feria del libro de Madrid se presentó el último libro de Olga Rodríguez, y tuve noticia de él gracias al blog de Inés Sabanés. Cuando iba a comprarlo mi madre me comentó lo emocionante que era el libro que estaba leyendo y que es el que terminé de leer ayer: El hombre mojado no teme la lluvia de Olga Rodríguez.

El libro es un conjunto de historias de seres humanos que han pasado por la miseria, por la tortura, por la guerra, la dictadura,los campos de refugiados miserables, el hambre, el apartheid, la discriminación por género, por etnia… gente de Irak, Palestina, Israel, Líbano, Siria, Egipto, Afganistán. Unas que luchan por sus ideas, otros que sólo luchan por la supervivencia; los más, luchan por ambas. Y mediante esas historias de personas concretas Olga Rodríguez nos cuenta la historia reciente de países en los que es imposible simplemente mirar para otro lado, que viven explotados por la injusticia.

Pese a ello, el libro transmite alegría. Una alegría trágica, si se quiere. Uno siente la alegría emocionada de ver la inmensa dignidad de seres humanos a quienes no consiguen poner de rodillas, auténticos héroes, auténticas heroínas a quienes sólo cabe admirar. Desde aquí sólo puedo recomendar que leáis el libro de Olga Rodríguez cuya lectura es un placer por muchas punzadas que dé en el alma: como aquellas crónicas desde Bagdad.

Sólo una pequeña reflexión. He acudido a decenas de manifestaciones en apoyo a tal o cual causa de las reflejadas en el libro. En las manifestaciones de apoyo a Palestina siempre hay quienes corean «In-ti-fa-da, in-ti-fa-da». ¿Estamos seguros de que nosotros no huiríamos de allí, de que afrontaríamos la defensa de nuestras causas a costa de sufrir tortura, discriminación, muerte de familiares o la propia? Quizás desde nuestras cómodas manifestaciones en Occidente deberíamos ser un poquito humildes y sólo gritar que apoyamos a quienes allí son golpeados por la injusticia y que, cualquiera que sea su respuesta (la lucha o la huida), no somos quiénes para juzgarla sino sólo para apoyarla.

El hombre seco, nosotros, no tenemos ni idea de cómo reaccionaríamos ante la lluvia.

Más sobre el libro en el blog de Olga Rodríguez.