Ayer se cumplieron setenta años del inicio de la II Guerra Mundial. La presidenta alemana, una mujer de derechas, podía haber dicho que los historiadores oficiales, progres y judíos todos, sólo cuentan una parte de la Historia: que los bombardeos sobre Dresde, que las bombas de Hiroshima y Nagashaki, que los juicios de Nüremberg no fueron legales, que Alemania era víctima desde el Tratado de Versalles que llevó al país a la bancarrota, que la República de Weimar era un desastre, que el Holocausto no fue tanto como se dice… En definitiva, podría haber dicho que en las guerras todos cometen atrocidades y que en la II Guerra Mundial ambos bandos las cometieron. Y que pelillos a la mar, que ya hace 70 años y hay que mirar al futuro.

Ni Angela Merkel ni la derecha alemana se sienten herederos del nazismo: reniegan de él y de sus crímenes. Salvo los votantes del PND, los alemanes tienen bien claro que la Alemania nazi fue un régimen criminal que no merece disculpa alguna. Ayer Angela Merkel leyó un discurso en el que situó el inicio de la II Guerra Mundial en la invasión alemana de Polonia, condenó el Holocausto, señaló que la Alemania nazi llevó a toda Europa “años de injusticia, humillación y destrucción” y que “las cicatrices siguen abiertas“.

Ay. En España hemos intentado obviedades como que todos los partidos que se reclaman demócratas condenaran el golpe militar, la guerra que trajo el golpe y la dictadura que trajo la victoria de los golpistas. Hemos intentado que las miles de personas que yacen todavía en cunetas y fosas comunes tras el genocidio fascista sean enterradas conforme a los deseos de sus familiares. Se nos ha ocurrido pedir que anulasen todos los juicios políticos con los que la dictadura condenaba a quienes se oponían a las tropelías del dictador.

Y nos han contestado eso que ayer a Angela Merkel no se le ocurrió decir, porque ella no es una nazi: que los historiadores oficiales, progres y comunistas todos, no cuentan las dos partes, que Paracuellos, que la guerra la comenzaron en 1934 los rojo-separatistas, que la II República fue un desastre, que la represión franquista no fue tan elevada,…

También contestaron que queríamos reabrir heridas que ya han cicatrizado. Angela Merkel se encargó de mostrar su dolor por el pasado que acarrea Alemania: es una herida que no ha cicatrizado, dijo. Quienes aquí presumen de cicatrices no sienten dolor alguno por el genocidio de aquí: sólo quieren que no veamos que la herida está bien abierta, supurando, y que seguirá así hasta que nos decidamos a limpiarla. Las únicas heridas que ellos tienen son las de una tímida cirugía estética, pero les han dejado la cara llena de costurones y cicatrices.