Ayer se produjeron trece muertes en Afganistán en un combate en el que participaron las tropas españolas. Como las balas son españolas y los muertos no, no habrá funerales ni comunicados de pésame. Mucho menos de condena. Ya se ha puesto en marcha la versión oficial según la cual los afganos no eran seres humanos, sino talibanes y tendieron una emboscada a los soldados españoles; para escapar de esa emboscada habría habido un combate de ocho horas. El resultado son trece afganos muertos, no sabemos cuántos heridos y ningún soldado español muerto ni herido.

Sería difícil que nos convencieran de que las trece muertes son la respuesta proporcional a un supuesto ataque que no ha causado ni un rasguño a los militares españoles, pero hace tiempo que la expresión «talibán muerto» goza del buen prestigio que tiene el cumplimiento del deber, así que probablemente tampoco elaboren mucho la narración. En realidad parece que lo único que sabemos (si es que sabemos algo) es que eran grupos insurgentes y no es ni mucho menos cierto que toda la insurgencia afgana sea talibán. Tampoco es cierto que la insurgencia afgana sea ilegítima.

A las horas que escribo estas líneas estamos teniendo noticias de una fuerte explosión en Afganistán por la que habrían muerto 90 personas. El gobernador de la provincia ya ha dicho que han sido los talibanes, cómo no. En esa misma provincia se ha producido un bombardeo de la OTAN, del que no habíamos tenido noticia hasta la explosión. Desde luego no tenemos noticias de cuántos muertos ha dejado el bombardeo de la OTAN, cuántas casas destruidas, cuántos mutilados…

Uno ya no recuerda cuál es la defensa que se hace todavía de la ocupación de Afganistán. Ya nadie reitera los objetivos iniciales, que eran cautivar a Bin Laden y al mulá Omar. Si el objetivo es pacificar el país, parece claro que precisamente la ocupación está siendo un foco más que alimenta la violencia. La persistencia en la ocupación afgana sólo se puede explicar desde otros motivos, más al estilo Azores, que hace que, pese al rotundo fracaso, la única alternativa que aparece es llevar más tropas de ocupación.

Hoy no habrá grandes debates sobre la ocupación de Afganistán. Aún si hubieran muerto trece soldados españoles en accidente de helicóptero y no trece afganos por nuestras balas… La ocupación de Afganistán es un drama vergonzoso. El apagón moral con el que la contemplamos no se queda atrás.

ACTUALIZACIÓN 8.52h Los noventa muertos afganos los ha causado el bombardeo de la OTAN. El gobernador de la provincia Kunduz, Mohamad Omar mintió. Ahora la OTAN dice que los muertos eran talibanes (¿cómo lo saben? ¿todos talibanes?), como si ser talibán justificara la «ejecución extrajudicial«. La primera versión, la del gobernador de Kunduz, aseguraba que los muertos eran civiles.

Yo necesito que alguien me dé una definición que distinga a terroristas y a los «buenos«, porque se me escapa.

ACTUALIZACIÓN 10.20h Ya no hay duda: los muertos eran civiles. Ya no necesito definición de terrorismo. Lo tengo clarísimo.