Hace unos días explicaba Rubalcaba por qué no querían utilizar la palabra guerra para referirse a lo que sucede en Afganistán: «Si quieren que digamos que es una guerra para equipararla a la guerra de Irak, la respuesta es no«, decía. Por una vez, Rubalcaba fue tremendamente torpe: claro que se puede equiparar en muchísimos aspectos la guerra de Irak con la de Afganistán. Lo que no se puede comparar es el papel de Zapatero en Afganistán con el de Aznar en Irak.

Muy pocos son los argumentos para decir que la ocupación de Afganistán sea más legítima que la de Irak. Tan sólo se puede decir que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la guerra de Afganistán en 2001. Eso sólo quiere decir que  en aquel momento los países con voto en el Consejo dieron vía libre al bombardeo. La clave está en que eso fue en «aquel momento«: inmediatamente después del 11 de septiembre y con el mundo compitiendo en ser el más solidario con Estados Unidos pues quien se opusiera a la guerra era claramente cómplice de Bin Laden. Con Irak tal propaganda no funcionó simplemente porque se había enfriado más el mundo y hubo gobiernos capaces de decir que era un disparate bombardear y ocupar un país con la excusa de la fantasiosa lucha contra el terrorismo. Por lo demás, ya nadie recuerda que a Afganistán han ido para capturar a Bin Laden (primera versión del por qué de la guerra), ni para quitar el burka a las mujeres (segunda versión), ni para llevar la democracia (versión agotada tras el último simulacro electoral). Nuestras tropas están en Afganistán para que defender a nuestras tropas que están en Afganistán: y como son insuficientes para este objetivo, aumentamos el número de soldados en Afganistán hasta que alguien note que esa no es la mejor forma de evitar que corran peligro.

Lo que no tiene nada que ver es el papel desempeñado por Aznar en la guerra de Irak y el de Zapatero en Afganistán, que es lo que quiere olvidar el PP. Aznar fue uno de los más entusiastas inductores al genocidio del que ha sido víctima la población iraquí. Zapatero en cambio se ha portado en Afganistán como un servil actor secundario que sólo aspira a que la estrella de la función le sonría un día de actuación: Aznar empuñaba el arma para presumir ante el señorito y Zapatero simplemente está a lo que diga el señorito, ante el que hoy haremos genuflexiones.

El problema del PSOE con Afganistán es que está reiterando el miedo a decir la verdad: que están en esa guerra porque lo dice el señorito. Podrían decir que ellos no son entusiastas de esa guerra, que se la han encontrado y fomentarán un plan de salida de las tropas de ocupación al que seguro que se sumaría todo un premio Nobel de la Paz. Pero no: ahora tienen miedo a usar la palabra guerra como hace un año renegaban de la palabra crisis. Si no hubieran sido continuistas del vasallaje (como si no hubieran sido continuistas del ladrillaje), ahora podrían usar las palabras sin miedo.