Artículo 9. Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.
Artículo 13. 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Declaración Universal de Derechos Humanos

Pretende el gobierno (y algunos periodistas afines) que el debate en el caso de Aminetu Haidar está entre quienes quieren que viva y quienes querríamos que la dejen morir de hambre. Los primeros serían quienes quieren que un juez dicte la alimentación forzosa de la ciudadana saharaui que está ejerciendo su derecho a la libertad de expresión a través de una huelga de hambre. Los segundos somos quienes exigimos absoluto respeto a las decisiones tomadas libre y racionalmente por Aminetu Haidar incluidas primero la de volver a su casa con su familia y después la de dejar de alimentarse en tanto en cuanto esté retenida contra su voluntad y contra la legalidad en Lanzarote.

En realidad, los primeros quieren que viva. Los segundos queremos que viva y pueda ejercer sus derechos humanos, incluidas la libertad, y la vida digna.

Por supuesto queremos que Aminetu Haidar viva, no nos imaginamos otro resultado. ¡Cómo íbamos a desear la muerte de alguien que muestra el coraje, la dignidad y la valentía que tiene Aminetu en una causa que también es la nuestra! Queremos que viva entre otras cosas porque nos creemos los derechos humanos y pensamos que éstos no están por debajo de un acuerdo de pesca, ni de un acuerdo para que Marruecos haga el trabajo sucio en la represión de la inmigración (parte del trabajo sucio, más bien), ni del hecho que Rabat sea nuestro aliado en el Magreb, ni del buen rollo, ni de evitar que se pringue el Jefe del Estado porque todavía no es el momento, ni de que Marruecos vaya a ser socio preferencial de la UE.

Los primeros, dándose por contentos con lo hecho por el gobierno (incluida, supongo, la aceptación ilegal de Aminetu Haidar en Lanzarote tras la deportación marroquí y los engaños a Aminetu para meterla en otro avión de ida y vuelta). El problema no es España, sino Marruecos, dicen. Bien podrían decir lo mismo en otros casos. «El problema no es España, sino Al Qaeda«, dirían en el caso de los secuestrados en Mauritania y el gobierno no movería un dedo; «El problema no es España, sino los piratas somalíes» habrían dicho en el caso Alakrana, cuya tripulación seguiría secuestrada o muerta.

Estoy seguro de que el gobierno no quiere que Aminetu muera en España (¡cuánto está dañando la imagen del gobierno la evidencia de su servilismo a la monarquía de Marruecos! Eso es lo grave ¡hasta ha tenido que salir a escena Rubalcaba a decir que IU dice barbaridades al contar lo que contesta el Jefe del Estado en una carta!), pero está demostrando que no moverá un dedo por la casa saharaui, que era mentira que las decisiones de la ONU y los derechos humanos fueran lo primero, que en política internacional los derechos humanos no son para el gobierno (como para el anterior) más que la excusa para criticar a los malos.

No quieren que muera en España, que sería un desastre para la imagen del gobierno, pero no moverían un dedo si fuera a morir en su país, la República Saharaui, como no harán ni una mueca en defensa del cumplimiento de las resoluciones de la ONU para el Sahara cuando se resuelva (para bien o para mal) el caso Aminetu. Porque «a veces surgen dificultades y debe prevalecer el interés general».