«Es legítimo que los ciudadanos se pregunten qué hace España aquí [en Afganistán], y la respuesta es vuestro trabajo»

Con esa frase Carme Chacón demostró su sentido del humor: hasta en Kabul recuerda las tradiciones patrias e hizo esta sutil inocentada. Llevamos unos días de frases absurdas, como los medios de comunicación que no son sociales, sino universales o los bolivarianos que bloquearon la cumbre de Copenhague frente al probe Obama. Hoy damos paso a inocentadas más cabronas unas y verosímiles otras.

Lo de Carme Chacón fue un macabro juego de palabras: casi nadie se pregunta qué hacen los militares españoles en Afganistán en el sentido de a qué dedican las tardes. Si tal fuera la pregunta, se esperaría de la ministra una respuesta más concreta, pues “su trabajo” abarca desde los caros pero inocentes desfiles hasta matar a balazos a civiles hace escasos días. Por otra parte, ya suponíamos que los militares españoles no fueron a Afganistán de turismo, sino por pasta, sí, por trabajo.

La pregunta, ingeniosa ministra, que se hacen muchos ciudadanos y ciudadanas es si es legítimo enviar tropas a Afganistán a servir de retaguardia de la ocupación.Tiene guasa que la ministra de Defensa resalte la legitimidad de preguntarse a qué dedican el rato nuestros enviados a Afganistán y no responda por la legitimidad de la ocupación militar. Incluso sin preocuparse por la legitimidad, lo que se pregunta alguna gente es si esta ocupación militar es eficaz para los objetivos declarados mientras los burkas siguen en pie, hay un gobierno de señores de la guerra y Al Qaeda no sólo no se debilita, sino que se ha expandido por los países de la zona. No preocupa que nuestros militares tengan trabajo que hacer: ¡cuánto nos alegraríamos algunos de que mantuvieran su sueldo pese a tener sus manos rascando con saña el ombligo! Preocupa que la ocupación militar en la que colabora el ejército español sólo está contribuyendo a dominar un país de gran importancia geo-estratégica, pero en ningún caso a que la población afgana pueda disfrutar de los derechos humanos.

Si la ministra tuviera a bien dejarse de juegos de palabras y no contestar naderías a preguntas que nadie hace, nos podría aclarar: ¿es legítimo disparar a civiles afganos? ¿es legítima la ocupación de un país para sostener a un gobierno de bandidos y asesinos? ¿hay menos terrorismo internacional en la zona hoy que en 2001? Sospecho que sólo podrá contestar con bromas.