Una de las artes más patrióticas es la traducción de títulos de películas llegando a modificar sustancialmente la propia película. El ejemplo más notorio es “Rosemary’s Baby“, cuya traducción spoiler fue “La semilla del diablo“: no es lo mismo ver la película de un inquietante embarazo que la de un embarazo que sabemos por el título que culminará con el nacimiento del Maligno.

La traducción de la película Judgment at Nuremberg añadió el análisis político del traductor: Vencedores o vencidos, dando a entender que otro gallo hubiera cantado a los dirigentes nazis si hubieran ganado la guerra.

Algún director de cine debería estar tomando notas del proceso al que se está sometiendo a Baltasar Garzón por iniciar la instrucción judicial de las desapariciones, robos de niños… de los crímenes del franquismo. El título de la película sería Vencidos o vencedores. y vendría a dar la razón a aquel traductor: los crímenes del vencedor, por atroces que sean, quedarán impunes y antes se castigará a quien investigue el crimen que al criminal. Al fin y al cabo, tampoco nadie será nunca juzgado por las bombas de Hiroshima y Nagasaki, pese a que la palabra terrorismo parece inventada para describir aquellos crímenes.

Los juicios de Nuremberg se hicieron sin base legal: terminada la guerra se consideró que la humanidad no podía permitirse dejar impunes los crímenes nazis y juzgaron y ejecutaron a los máximos responsables vivos del régimen nazi sin admitir la obediencia debida. El nazismo perdió militarmente la guerra.

El franquismo ganó la guerra civil, sí, pero lo que está demostrando el poder judicial es, sobre todo, que el franquismo ganó la Transición. Y que sus víctimas la perdieron. Nadie osaría juzgar a aquellos jueces de Nuremberg por prevadicadores. Eso es lo que el Tribunal Supremo se prepara a hacer con Garzón por investigar los crímenes del franquismo.

Tras la caída del nazismo, se firmó la Declaración Universal de Derechos Humanos: “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad“, se decía en ella. El régimen de la Transición no considera ultrajantes para la conciencia de los españoles los crímenes del régimen franquista. Lo ultrajante es investigarlos, reclamar justicia, si no para los criminales, sí para sus víctimas.

Ahora que nos vuelvan a contar la milonga de que la Transición es un proceso ejemplar que se mira con admiración en todo el mundo. Ayer la justicia uruguaya condenó a su dictador a 30 años de prisión. El mundo mirará con agradecimiento a Uruguay mientras desprecia a este país podrido de muerte.