Desde hace ya muchos meses se viene hablando de otoño en Euskadi. Otoño sería el momento en el que la izquierda abertzale diera pasos decisivos para que ETA pase a la historia sangrienta de Euskadi.

Otoño hacía muy poca ilusión: en una de las reuniones preparatorias de otoño irrumpió la policía y detuvo a Otegi, Rafa Díez y otros ciudadanos vascos a los que sólo se les acusa de un delito de reunión. En otoño el gobierno filtró a los medios (y éstos reprodujeron con alegría) un texto interno de ETA que supuestamente anunciaba que seguirían en la violencia indefinidamente. Ninguno de esos medios comentó a sus lectores que la izquierda abertzale aclaraba que tal documento estaba superado y que el debate en su seno estaba marcado por la declaración de Altsasu, presentada en otoño.

La declaración de Altsasu es una apuesta por las vías pacíficas: ” La voluntad popular expresada por vías pacíficas y democráticas, se constituye en la única referencia del proceso democrático de solución, tanto para confiar en su puesta en marcha y su óptimo desarrollo así como para alcanzar los acuerdos que deberá refrendar la propia ciudadanía.“, anunció la izquierda abertzale. Esa declaración, según cuentan, fue remitida a las bases, que las discutieron y sus aportaciones estarían siendo ahora incorporadas a la redacción definitiva.

ETA anunció que respetaría el resultado de tal proceso. Si no están mintiendo de nuevo, tal quiere decir que si la izquierda abertzale apuesta por las vías pacíficas, ETA renunciará a la violencia. En los meses previos a la tregua de 2007 ETA hizo algunos atentados, aunque intentara que no hubiera víctimas personales: pretendía mostrar su fuerza para negociar pero sin poner en peligro los puentes que se estaban tendiendo. Ahora no. Hace meses que ETA no pone una bomba, no pega un tiro, para matar ni para hacer ruido. Aunque Rubalcaba se empeñe en mostrarnos que está preparando atentados inminentes, éstos siguen sin llegar, afortunadamente. Algunos recordamos otras cantinelas como aquella que decía “ETA está muy débil, pero es muy fácil matar y por eso lo ha conseguido“: ¿cuando ETA mata es porque es muy fácil y cuando no mueve un dedo es porque es muy difícil?

Si tuviéramos que depositar nuestra confianza en la sincera vía a la política pacífica de la izquierda abertzale sin más garantías, cometeríamos un estúpido error. Pero hay avalistas muy importantes. Singularmente Eusko Alkartasuna, que no se enfangaría como lo está haciendo si no tuviera garantías de que ETA no causará más sangre. Y también el presidente del Partido Socialista de Euskadi, Jesús Egiguren, que ha considerado en varias entrevistas sincero el posible abandono de la violencia de la izquierda abertzale e incluso comentó algunos de los pasos que deberían darse desde el gobierno central y sobre todo desde los partidos vascos para que el abandono de las armas suponga un proceso de pacificación y normalización política en Euskadi.

Jone Goirizelaia, abogada de la izquierda abertzale anunció para mediados de febrero las conclusiones (“que no van a dejar frío a nadie“) de todo este proceso. Paul Ríos, de Lokarri, deducía ayer que posiblemente mañana haya una importante declaración de la izquierda abertzale.

Será mañana, o dentro de una semana. O de dos. Eso es lo de menos. Todo parece señalar que en el mundo batasuno se decidirá poner punto y final a su vinculación con la violencia. Y que ETA dirá que toma nota. La T-4 hizo estéril cualquier ambigüedad futura de ETA, y contra lo que opina Goirizelaia, el conflicto vasco sí deja fría a alguna gente que lo considera resuelto al haber puesto el gobierno vasco en buenas manos (y, ojo, la normalización vasca supondría la representación de todos sus ciudadanos y por tanto una mayoría parlamentaria muy distinta). Si ETA quiere tener alguna repercusión y permitir a la izquierda abertzale alguna salida, tiene que ser absolutamente contundente y anunciar que no habrá más violencia por su parte nunca más, que acepta el deseo de su gente.

Ya han sido demasiados meses esperando al otoño. Y demasiados otoños frustrados. Si este año no tenemos otoño, difícilmente lo tendremos nunca.