Si en 2003 das publicidad a las historietas de Pío Moa anunciando que te leerás sus libros en verano, que no te extrañe cuando después te llamen fascista.

Si te dedicas a acusar de cómplice del terrorismo a quien busque la paz, no te cabrees si te llaman terrorista.

Si fuiste uno de los tres promotores de la Guerra de Irak y amparaste todas las mentiras que dieron lugar a miles y miles de muertos, torturas y hambre, comprende que te llamen asesino e incluso criminal de guerra.

Pero si eres uno de tantos medios de comunicación que hoy ha puesto en portada la foto de Aznar, pero calló cuando supimos que el rey había hecho lo mismo en otro de sus brotes autoritarios, no te sorprendas si te llamamos súbdito, hipócrita, cobarde.

Y si eres una dirigente política que va de 2.0 por la vida y escribes que Aznar demuestra ser patético por ese gesto, cuando un comentarista, que soy yo, te pregunta con educación si crees que el rey también fue patético con el mismo gesto, no censures ese comentario. Y si lo censuras, no te extrañe que asumamos que tu indignación sea una burda pose, que eres 2.0 porque queda fashion, pero no admites cualquier matiz que te haga sentirte incómoda y que, en definitiva, no te indigna lo que haga Aznar, sino que sea Aznar quien lo haga. Y eso se llama doble moral. O sea, que al menos tienes una moral 2.0.