Las de ayer fueron las primeras manifestaciones en las que la calle intentan que se escuche su voz para una alternativa social a la crisis. Otras manifestaciones habían sido más abstractas e incluso amistosas. En éstas, por primera vez, la ciudadanía que salía a la calle lo hacía para enfrentarse al camino que ha elegido el gobierno. Hoy los medios de comunicación anuncian la debilidad de las manifestaciones.

Eso es relativo. Es cierto que en otras situaciones políticas, un conjunto de anuncios como la subida de la edad de jubilación, la ampliación de los años de cálculo de las pensiones, la reducción en 50.000 millones de euros del gasto público… habrían sido respondidos con muchísima contundencia. Pero el movimiento se aprende andando. Ningún ciclo de movilizaciones comenzó con una grandísima manifestación. Incluso las manifestaciones contra la guerra de Irak venían precedidas de calorcito en la calle fruto de las protestas estudiantiles, una huelga general, el movimiento Nunca Mais…

Las de ayer tienen que ser las primeras de un ciclo en el que la izquierda sindical y política traten de tomar la delantera y marcar el discurso de la salida de la crisis. Hace poco más de un año algunos nos frotábamos los ojos ante la aparente rendición del neoliberalismo. Se convocaban cumbres cosméticas para diseñar otro modelo, Sarkozy hablaba de refundar el capitalismo, y Díaz Ferrán solicitaba un paréntesis en el capitalismo (que él concretó a su manera). Parecía, al menos, que venía una vuelta al keynesianismo. Se pensó que no haría falta empujar, que el modelo caía de puro maduro.

En poco más de un año se le ha dado la vuelta al calcetín. El neoliberalismo no parece que vaya a permanecer, pero ahora el discurso está en manos de quienes lo quieren sustituir no por un modelo algo más social, sino por nuevas vueltas de tuercas. Como las que exigieron en Davos a Zapatero y que inmediatamente asumió.

La de ayer tiene que ser sólo la primera jornada de movilizaciones. Si es así no habrá sido ningún fracaso, sino un muy buen inicio y podremos llevar las riendas de la salida de la crisis. Si nos volvemos a echar a sestear hasta que ordene Davos, Bruselas, o donde sea que se sitúe ese día el poder económico y Zapatero vuelva a obedecer, saldremos de esta muy trasquilados.

Mañana, a la calle, que sigue siendo hora.