1.- Con los presos políticos pasa como con las víctimas de cualquier atrocidad: parece que para rechazar un asesinato, un encarcelamiento, las torturas, etc. haya que defender que el asesinado, el encarcelado, el torturado era una maravillosa persona, un héroe, un mártir merecedor de la canonización. Cada vez que hay un español condenado a muerte en esos mundos de dios los medios y las instituciones se vuelcan en demostrar que en realidad era inocente, que se le condenó sin pruebas y no simplemente en mostrar que es una aberración que el Estado mate a nadie a quien pueda no matar.

2.- No sé nada de Orlando Zapata, ni me importa. Probablemente estuviera en mis antípodas ideológicas y vitales. Pero cuando leo la razón por la que tenía que estar en la cárcel (“se le relaciona con una banda que está relacionada con el terrorista Posada Carriles”, “se demostró que le apoyaba la CIA“,…) veo claro que estamos ante un preso político y por tanto ante una persona que no debería estar en la cárcel. Son argumentos que recuerdan demasiado a las teorías sobre el entorno del entorno de la cosa entornada. Y no hace falta defender que todo lo que hagan las autoridades cubanas está bien para defender la revolución cubana.

La izquierda real, la radical, la antagónica con el capitalismo, no puede aceptar que haya presos políticos. En una sociedad socialista, las actividades subversivas no serían delito, sino una asignatura obligatoria en Primaria.

3.- Preso político es aquel cuya presencia en la cárcel se debe a razones políticas, no a hechos delictivos que no dependan de la posición política de su autor.

Preso político es, por ejemplo, Otegi. Da igual qué opine nadie sobre su persona. Está en la cárcel porque se reunió con Rafa Díez, Sonia Jacinto, Miren Zabaleta, Arkaitz Rodríguez, Txelui Moreno, Mañel Serra y Amaia Esnal en la sede de un sindicato legal (no se sabe por qué, pero LAB es aún un sindicato legal). Todos ellos fueron detenidos por motivos políticos. Cuando Otegi, preso político, anunció que iniciaba una huelga de hambre, Antonio Basagoiti, vicelehendakari de facto, comentó que ojalá la llevase hasta el final. Como hizo Orlando Zapata. El partido de Basagoiti anda ahora fustigando a los herejes que no repitan los rezos redactados por otro preso político que llevó hasta el final su huelga de hambre. Da igual si Otegi es muy majo o un canalla, o si lo era Orlando Zapata. No tenían que estar en prisión y Basagoiti y su partido fueron unos hipócritas.

El presidente del gobierno del país donde se ha detenido a esas personas y otras por motivos políticos se permitió ayer exigir a Cuba que libere a los presos políticos.

Iñaki de Juana Chaos fue condenado por una serie de asesinatos. Cuando cumplió la condena, los medios de la caverna montaron en cólera porque era una aberración que los condenados sean puestos en libertad cuando cumplen la sentencia. Así que entre la fiscalía y los jueces lo encarcelaron por unos artículos en prensa críticos con la directora de prisiones. La lógica era que si quien asesinó a una persona critica políticamente a otra, en realidad la está amenazando. De Juana Chaos fue encarcelado por un delito de opinión: fue en ese momento un preso político. De Juana Chaos hizo una huelga de hambre que estuvo cerca de matarle y el coro de la derecha (y de algunos que se consideran de izquierdas) rabiaba por conseguir que De Juana acabara en una caja, entre otras cosas porque eso garantizaría el fin del proceso de paz que se intentaba entonces. Quienes entonces querían la muerte de hambre de quien fue encarcelado por unos artículos de prensa, hoy ponen lazos negros en las portadas de sus periódicos, exigen que se use la santa condena y dan lecciones de humanidad.

4.- Un día después de la muerte de Orlando Zapata, en la Honduras golpista, murió asesinada una militante del Frente de Resistencia. Carlos Iturgaiz pidió hace escasas semanas que el gobierno español reconociera al gobierno golpista de Honduras. Los informativos de televisión y radio no han dedicado un segundo a este asesinato; no la encontraremos en la prensa que lloraba por la desastrosa culminación de la huelga  de Orlando Zapata.

5.- Los derechos humanos son para nuestros enemigos. No hace falta que nadie me diga que no torture ni encarcele a mi pareja, a mis padres, a mis amigos. Hace falta que me digan que no torture ni encarcele a quien considero detestable, pues es a quien me sentiría tentado de torturar, encarcelar o matar: ser detestable no es delito nunca; hacer algo detestable lo es a veces y eso puede conllevar la cárcel, porque no se nos ha ocurrido alguna forma humanitaria de ordenarnos.

Uno demuestra que defiende los derechos humanos si lo hace con los derechos humanos de la persona que considere más atroz y si lo hace cuando se los salta alguien a quien consideramos de los nuestros. En nuestro país muy poquita gente ha levantado la voz contra las violaciones de derechos humanos independientemente de las ideas y prácitcas políticas de la víctima de tales violaciones y de la pertenencia del violador de derechos.

6.- Los ciudadanos chinos y estadounidenses tienen la desgracia de que los asesina un gobierno poderoso de un país comercialmente muy apetecible. Que yo sepa (y temo no andar falto de conocimiento) nunca se ha registrado en ningún ayuntamiento, comunidad autónoma, parlamento nacional o europeo una condena por un preso chino o estadounidense asesinado por sus gobiernos.

7.- En cuanto a defensa de derechos humanos y denuncia de los encarcelamientos por motivos políticos, lecciones, las justas.