Recordaréis que hay sitios donde existe una triste inseguridad jurídica. La padecen los dueños de las multinacionales españolas en algunos países de América Latina que ven cómo sus gobiernos deciden nacionalizar bancos en vez de regalarles recursos públicos como en la jurídicamente segura España; y cuando deciden que la riqueza fósil de un país está mejor en manos públicas que en bajo intereses exclusivamente privados. Tales nacionalizaciones se hacen casi siempre por acuerdo, como cuando el gobierno venezolano acordó con Botín la compra del Banco de Venezuela o cuando Repsol anunció en Madrid con Hugo Chávez la explotación conjunta de Repsol y el estado venezolano de unos yacimientos petrolíferos encontrados. Pero la doctrina neoliberal imperante marca decir que si el estado interviene en beneficio colectivo, toca denunciar inseguridad jurídica.

Madrid, junio de 2009. Se firma un convenio colectivo con los trabajadores de Metro. Esto es: el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid que forman el Consorcio de Transportes firman voluntariamente con los trabajadores las condiciones que regirán sus relaciones laborales. Madrid, junio de 2010. La Comunidad de Madrid decide unilateralmente hacer de ese convenio papel mojado y aplicar a los trabajadores de Metro el tijeretazo ideado por Zapatero (ecce pinza). Buscad noticias que denuncien la inseguridad jurídica por la violación unilateral de un convenio colectivo firmado sólo un año antes. O casi mejor no lo intentéis.

La huelga de Metro que hay en Madrid es, quién no lo sabe todavía, salvaje. No es salvaje reventar el derecho fundamental a la huelga mediante servicios mínimos decretados por su patronal de un 50%: esto es, que el metro pase cada seis minutos en vez de cada tres. La única excusa podría ser que la huelga colisione con otro supuesto derecho fundamental a usar el transporte público. Si el transporte público pasa a ser derecho fundamental, a partir del jueves mismo debe comenzar a ser estrictamente gratuito como la medicina o la educación. Frente a eso el precio del metrobús y del abono transporte crece todos los años muy por encima del IPC. Últimamente crece incluso dos veces en un año. No: la colisión es entre un derecho fundamental (la huelga) y una notable incomodidad que sufrimos los madrileños, pero entre ambos toca defender el primero.

Que a nadie de los que denuncian que la huelga es salvaje le importa un carajo la incomodidad de la ciudadanía, lo demuestra que Rubalcaba se plantea una salvaje violación del derecho a huelga… sólo en la línea que va al aeropuerto: lo malo de la huelga es que afecta a los movimientos de ejecutivos y turistas, no a los trabajadores que nos tengamos que levantar un rato antes (o dejar un apunte escrito por la noche para no madrugar mucho más, como está siendo mi caso estos días).

Al margen del mal estilo que supone este uso de adjetivos etnicistas como salvaje, bárbaro y cafre, estamos ante una ley del embudo que se ha ido colando en nuestra cultura y que exige una prudencia infinita cuando se defiende derechos de los trabajadores mientras todo vale cuando se trata de recortarlos.

Madrid se paraliza cada vez que hay una cumbre internacional, cada boda principesca, cada desfile militar. Y entonces toca joderse. Ya estamos acostumbrados. Y además, hay alternativa.

Si te ha gustado, ¡compártelo!:

Twitter
Facebook
del.icio.us
Bitacoras.com
Technorati
Meneame
RSS
Print this article!
Turn this article into a PDF!