Hay un dato de las elecciones catalanas que probablemente pase desapercibido para muchos medios de comunicación: el partido de Anglada ha sacado 75.000 votos (2.42%): quienes seguimos anoche el recuento estamos aliviados porque hasta el 60% del escrutinio tenía representación parlamentaria, pero haberse quedado fuera no impide ver que su resultado es muy preocupante… pero muy comprensible.

Tanto CiU como el PP (acompañados en alguna ocasión por ERC) han alimentado la fiera xenófoba. Cuando los partidos de orden ponen el fuelle a elevar la temperatura de las brasas las brasas prenden. Los discursos xenófobos de esos partidos se suelen disculpar con la excusa de que así no aparecen partidos de extrema derecha. Pero sucede todo lo contrario. Primero porque si ellos hacen el discurso de la extrema derecha, se convierten ellos mismos en partidos ultras; pero además porque al hacer un discurso convalidan ante los suyos la normalidad de tal discurso. Si CiU y PP dicen lo mismo, ¿no será que Anglada lleva razón y que no es tan ultra?

Esa misma lógica (aunque en posiciones muy diferentes) ha sido la que ha hecho que el tripartito alimentara a la derecha. Han jugado durante toda la campaña y buena parte de la legislatura a ser responsables, a demostrar que pueden gobernar como la gente mayor, que no son una izquierda inmadura e irresponsable ocultando así los logros reales del tripartito, del que en campaña se avergonzaba todo el mundo salvo ICV (de la que también habrá que escribir algo -esta tarde, supongo-) y EUiA. Y en vez de atraerse votantes responsables han hecho ver a los suyos que no es tan inhumana la política que va a traer CiU. Cuesta demasiado conseguir un gobierno de izquierdas como para permitir desde él que se convaliden los recortes sociales o para usar la porra contra los movimientos sociales que deberían ser su principal fuente de fuerza política. Al hacerlo se comunica que la propia izquierda política no considera tan nefasto lo que se denuncia que hará la derecha. Si algo de eso era inevitable, si gobernando a veces sólo se podía dar combustible a la derecha (excusas ambas que no me creo), era mejor dejar de gobernar a tiempo que sumir a la izquierda catalana en un agujero del que difícilmente saldrá en mucho tiempo: algo parecido, por cierto, a lo que sucedió en Galicia cuando la izquierda logró gobernar y copió comportamientos de la derecha.

La dichosa costumbre adquirida por muchos partidos de amoldarse a supuestas tendencias sociales pensando que los votantes reconocerán su movimiento hacia ellos no puede ser más ciega. Los partidos también generan discurso con sus prácticas, sirven de ejemplo (positivo o negativo) y fomentan comportamientos sociales. Cuando un partido que se dice socialdemócrata monta un Consejo de Ministros paralelo formado por los 37 principales empresarios está lanzando el mensaje de que un gobierno corporativo está bien o al menos es inevitable. Y ello le quitará o no votos, pero fomenta el hundimiento de las ideas socialdemócratas y alimenta las ultraliberales. Los partidos de derechas nunca juegan a parecer de izquierdas y no les va mal incluso cuando todo su ideario ha causado la mayor crisis económica y política en 80 años. Comportarse como ellos sólo hace que haya más gente que piense que lo normal es ser como ellos.

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