En los últimos días se ha escenificado perfectamente la raya que divide a la izquierda de la derecha. Arriba tenéis el Consejo de Ministros paralelo que ya no se disimula. En este país gobiernan los Pitufos: un pequeño grupo de muchos varones y una única Pitufina -Petra Mateos, presidenta de Hispasat- y dirigidos por un señor mayor que se distingue por sus ropajes rojos -sí, Papá Pitufo es Emilio Botín.

En el otro lado de la galaxia un grupo de organizaciones daba ayer una rueda de prensa para presentar la querella interpuesta contra las agencias de rating: esa cima del poder financiero que mata a las economías para que sus carroñeras criaturas se las puedan zampar sin mancharse de sangre. Las criaturas carroñeras son los de la primera foto, los Pitufos. A quienes se zampan somos nosotros.

Como nos hemos vuelto muy modernos no podemos utilizar el término que hace un tiempo habría explicado la diferencia entre las dos fotos y el que habría explicado la segunda.

Las dos fotos escenifican lo que los antiguos llaman (llamamos) lucha de clases. Hay un poder económico oligárquico que tiene al gobierno a sus pies (a este gobierno y al que viene salvo que decidamos que venga otro distinto). Marx llamaba a estos gobiernos consejo de dirección de la burguesía, pero eso era en los tiempos en los que los gobiernos y la oligarquía económica disimulaban, que eran también también los tiempos en los que se citaba a Marx y se decía lucha de clases. Ahora tenemos que conformarnos con llamarlos Pitufos para parecer modernos. Frente a esos Pitufos hay quienes plantan cara defendiendo al conjunto de la población, a esa ciudadanía a la que los Pitufos quieren arrebatar todos los derechos que fueron adquiriendo cuando citábamos a Marx y decíamos lucha de clases. Ese enfrentamiento, tan claramente escenificado, tan indisimulado es el que pone a unos a la izquierda o a la derecha. Se está con los Pitufos y con las agencias de rating contra la ciudadanía o se está con la ciudadanía frente a los Pitufos, Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch. Hemos perdido el lenguaje, sí, pero ellos han perdido la vergüenza.

La otra palabra, la que explica la segunda foto y también está proscrita (por prostituida) es patriotismo. El patriotismo no es salir a gritar con un gol de Iniesta, hacer ondear una bandera rojigualda ni defender el límite de las fronteras de un estado. Patriotismo es enfrentarse a quienes intentan robar la vida digna a una población. Que las agencias de rating están atacando nuestra economía deliberadamente para hacer negocio no es ningún secreto; que sólo estos denunciantes han hecho algo que no sea entregarse a sus deseos también lo es. Mientras los partidos turnistas adulan a los Pitufos, que son sus jefes, unas pocas organizaciones políticas y sociales (Attac, Unión por las Libertades Civiles, Observatorio de los Derechos Económicos y Sociales, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, Izquierda Unida, Iniciativa per Catalunya-Verds y Esquerra Republicana de Catalunya) y un grupo de abogados decentes presentaban su resistencia a los atacantes. Curiosamente las marionetas de los Pitufos son quienes presumen de patriotas cuando lo suyo no es más que un nacionalismo de las apariencias que entrega un país (o varios, eso es lo de menos) a quienes sólo quieren arrasarlo y devorar a quienes vivimos en él.

La raya está trazada claramente. Nadie intenta disimularla.

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Podéis ver la foto de los Pitufos sin el molesto atrezzo en Las Penas del Agente Smith