Que Rajoy cause vergüenza ajena eludiendo dar la cara no es ninguna novedad. Queda para la historia de la cobardía su trote cochinero por el Senado para huir de la prensa. Es lo que hay: lo último que sabemos de Rajoy es que nadie podrá probar que Bárcenas no es inocente.

Hay muchas razones para indignarse con lo que vamos sabiendo sobre el caso Bárcenas. La principal es que hemos tenido gobernantes que han saqueado el erario y destrozado el territorio a base de gigantescas infraestructuras fruto del soborno de los grandes constructores a los gobernantes ensobrados.

Pero no es la única. La financiación ilegal del PP afecta a la legitimidad de la representación política. Del mismo modo que si un ciclista va dopado y otro no la victoria del primero es ilegítima y afecta al que compitió legalmente por tener menos medios para subir un puerto, la financiación ilegal del PP hace que pudiera hacer campaña electoral en condiciones muy ventajosas sobre el resto de partidos en caso de que se financiaran legalmente. El PP ha ganado elecciones, de hecho gobierna en el conjunto del Estado, en casi todas sus comunidades autónomas, en la gran mayoría de las grandes ciudades… Todos los demás partidos deberían estar indignados aunque sólo fuera por egoísmo: si el PP no hubiera disfrutado del torrente de millones que ha habido en las cuentas que estamos empezando a descubrir a nombre de Bárcenas, si muchos actos de campaña no salieran gratis porque los chicos de Correa no se lo cobraban al partido sino al Estado, si… Si el PP hubiera tenido que hacer política según la ley habría tenido muchos menos medios (incluidos los medios de comunicación ensobrados) y posiblemente sacara peores resultados, así que otros partidos los tendrían mejores.

O lo que es lo mismo: el caso Bárcenas ha perjudicado al resto de partidos.

Por eso llama tanto la atención los silencios. Todo el mundo está hablando del caso Bárcenas. Uno, que por trabajo lleva dos meses atendiendo a contribuyentes que hacían su declaración de la renta, ha escuchado al menos tres veces al día a gente comparando su declaración con los sobres de Bárcenas. La gente de a pie sí compara su mierda de situación con la de Bárcenas. Y sin embargo, ¡qué pocas reacciones de partidos sobre Bárcenas!

¿Alguien sabe qué opina Rubalcaba o Elena Valenciano (o Jáuregui, Madina, Patxi López, Chacón…) sobre el encarcelamiento de Bárcenas o sobre quién debería acompañar a Bárcenas a la cárcel o al menos dimitir? ¿No es un poco raro que no digan ni mu sobre la situación en que queda Rajoy tras afirmar que nadie podrá probar la no inocencia de Bárcenas, tras haber aparecido como uno de los receptores de dinero ilegal, aparentemente sobornos de los constructores? ¿Ni siquiera sobre la amenaza al abogado de una asociación afín al PSOE por “socialista”?

No sólo el PSOE está mudo. Es muy llamativo el silencio de una amplísima mayoría de partidos sobre un escándalo tan mayúsculo. Curiosamente en la misma semana en que esa amplia mayoría se ha puesto de acuerdo para hacerse una foto conjunta sobre un texto eurovacuo.

Quizás sí den importancia a haber competido (suponemos) en peores condiciones. Quizás sí les parezcan mal los sobresueldos ilegales de los altos cargos del PP. Pero en este caso se juzga algo mucho más serio: la cooptación de las élites políticas por el poder económico, la dirección ilegítima de las decisiones políticas no por el poder político sino por el empresarial. En este caso son (de momento) los constructores, pero bien podrían ser las energéticas o los bancos. No estamos hablando del caso Roldán, en el que un chorizo (acompañado de muchos otros chorizos que hacían lo suyo) robaba millones y millones aprovechando su cargo sino de un saqueo estructural.

Como no termino de entender por qué están tan callados (algunos sí: estaría bueno que ahora Duran i Lleida o Pepe Blanco se pusieran exigentes) sólo puedo pensar que es porque este caso no sólo destroza al PP, sino que es un caso que evidencia cómo la corrupción ha engrasado política y económicamente nuestro régimen en crisis. Lo que estamos viendo es el ADN de un funcionamiento de las instituciones que ponía al país en las manos del poder económico y nos llevaba al pueblo a la crisis.

Y con los cimientos del chiringuito no se juega.