Que el FMI es una organización canalla que ha ido sembrando el mundo de hambre y pobreza en beneficio de los poderosos del planeta no es una novedad, es básicamente un lugar común sostenido por una inagotable lista de ejemplos. Por eso cuando el FMI propone que nos empobrezcamos un 10% como receta brillante para crear empleo nadie se ahorró un insulto. Ayer la Unión Europea, a través de su comisario económico, Olli Rehn, hizo suya la receta: la gente de a pie no veremos que el emperador está vestido porque somos imbéciles, pero “los actores que lo rechacen frontalmente [el empobrecimiento en un 10% de los trabajadores españoles por decreto] cargarían sobre sus hombros con una enorme responsabilidad nacional por los costes sociales y humanos“. Lo dijo en su blog para que parezca más moderno y personal, pero si el comisario económico de la UE da una receta económica para un país (intervenido) de la UE podemos reaccionar con fuerza o entregarnos, pero no mirar para otro lado.

No debería extrañarnos que la UE coincida con la canallada del FMI: la diferencia entre las políticas económicas diseñadas por el FMI y por la UE para nosotros no se diferencian en que la de Washington sea más criminal sino en que da mas tumbos (unos meses sacan un informe explicando que la austeridad ha sido contraproducente y otros exprime aún más a cualquiera de los países a los que controla vía deuda). El destino económico reservado por la UE a España fue el  de un país sin tejido sólido (desmantelamiento de toda industria y de todo el sector público ordenado por Bruselas desde los años 80) para el que sólo había dos sectores económicos que debieran tirar de la economía española (turismo y especulación inmobiliaria) y cuyo gasto público se limitara a grandes infraestructuras para la introducción en España de los productos que ya no se fabricarían más aquí (sólo la UE ha aportado más incentivos contantes y sonantes para asfalto que la libreta de Bárcenas: en ambos casos se trataba de que nos volcásemos en infraestructuras fueran o no necesarias sin gastar un duro en construir un Estado social que sí lo era). Todo ello junto con el libre movimiento de capitales que impone competencia fiscal y laboral entre países, es decir, competir por tener impuestos más bajos (menos ingresos públicos) y condiciones laborales más indecentes para atraer o evitar que se fuguen las grandes empresas.

El diseño de la UE para España (asumido expresamente por los gobiernos felones que ha tenido España desde su entrega a Bruselas) ha sido el desmantelamiento económico y social y es lo que tenemos. El paso hacia el empobrecimiento de los trabajadores no sólo por la vía de los hechos sino por decreto es un salto en la falta de vergüenza, pero no un cambio en la dirección económica. El sur de Europa es para la UE lo que en tiempos fue el sur de América para EEUU: el patio trasero que había que empobrecer para que las multinacionales pudieran saquear como quien hace un favor.

¿Tiene arreglo la UE? ¿Por qué la UE tendría arreglo y el FMI no? Reconocer que la UE es un tinglado genéticamente tan contrario a los intereses de los trabajadores como esos otros organismos internacionales criminales es reconocer la evidencia. Ni siquiera el ideal relativamente internacionalista puede justificarlo pues es evidente que hay ejemplos como América Latina donde con muchas menos alharacas se está produciendo una integración mucho más sólida, democrática y solidaria; o que la propia Europa de los años de la socialdemocracia (los 50, 60) tenía muchas menos diferencias internas (dentro de cada país y entre los distintos países) que después, supuestamente integrada en la UE. El problema es que también es evidente que es mucho más fácil liberarse de la bota del FMI (quitándose la deuda de encima por la vía que sea) que de la de la euromafia (la salida del euro, por ejemplo, situaría nuestra deuda en la nueva moneda que sin duda devaluaríamos por lo que el valor de la deuda -incluso tras una generosa quita- crecería).

Que no sepamos muy bien cómo desmantelar esta UE no implica reconocer la bondad de la UE. ¿Otra UE es posible? Pues no tiene mucha pinta: la UE se diseñó para esto, la UE es esto. El europapanatismo, por mucho que se vista de búsqueda de alternativas seria y rigurosa, es suicida. Con la UE no hay alternativa democrática posible: para eso se diseñó.