La de ayer fue otra sesión gloriosa del PP: la entrega al juez de ordenadores a los que habían extraído para su destrucción los discos duros y las posteriores explicaciones (la Ley de Protección de Datos, la necesidad de dar un ordenador limpito -pero no nuevo-  a otros empleados…) son una sandez tan inmensa que seguramente esta mañana empezarán a buscar una nueva excusa. Da igual, nadie que no esté a sueldo de la Organización puede intentar hacer como que la destrucción en abril de 2013 de los discos duros de los ordenadores de Bárcenas es otra cosa que destrucción consciente de pruebas de delitos.

A esas alturas, abril de 2013, la versión del PP era que Bárcenas era un ladrón, pero un ladrón aislado cuya víctima era el PP. En esos ordenadores estaría, de haber algo, la prueba de que era así. Pero el PP, la supuesta víctima del robo, destruye las pruebas en cuanto un juez declara que esas pruebas no son propiedad del ladrón sino de su víctima. Muy razonable.

A esas alturas, abril de 2013, el PP decía que estaban “resistiendo al chantaje de Bárcenas“, es decir, sabían que Bárcenas iría sacando papeles inventados (pero con apuntes verdaderos, en plan novela histórica) como esa contabilidad B que llevaba haciendo 20 años por si acaso. Sabiendo que Bárcenas se inventaba documentos y los atribuía el PP, el PP destruye los discos duros de los ordenadores que Bárcenas tenía en el PP y que podrían probar que no, que si junto a los papeles de Bárcenas aparecía soporte informático lo tenía que haber hecho en casa porque del ordenador de Génova no había salido eso (ni por puerto USB ni por dropbox ni por Google Drive ni por P2P). Creíble, muy creíble.

En abril de 2013, cuando según el propio PP destruyeron los discos duros se sabía que Bárcenas era un delincuente, que había blanqueado enormes cantidades de dinero de origen criminal.  Además de los posibles delitos que suponga la destrucción consciente de posibles pruebas de delitos que estaban siendo investigados el PP sabía que con su destrucción se hace trizas la mínima credibilidad de que el PP no sabía nada: la destrucción de los discos duros hace evidente hasta para quien menos quiera verlo, que la dirección del PP es tan partícipe de la trama delictiva como el propio Bárcenas: todas las excusas puestas hasta ahora saltan por los aires.

¿Son imbéciles? Eso es lo que dijimos en mi trabajo cuando leímos que el PP había destruido las pruebas. Cómo pueden ser tan imbéciles, dijimos a carcajada limpia, pensábamos que eran delincuentes, sí, pero al menos un poco profesionales…

¿Y si no?

Lo que evidencia públicamente la destrucción de los discos duros, la destrucción de pruebas, es que todo lo que se ha dicho hasta ahora del PP es cierto: destruyen las pruebas que podrían demostrar que no hubo una estrategia de donaciones de constructores a cambio de concesiones de obra pública que se transformaban en financiación ilegal del partido y sobresueldos ilegales (sobornos) a dirigentes, ministros, consejeros…

Serían completamente imbéciles si en los ordenadores fuera a aparecer que algo de lo que ya parece tan evidente no fuera cierto. No sólo evidenciarían su culpabilidad sino que añadirían posibles delitos. Pero ¿y si en esos ordenadores no sólo hubiera la evidencia de que todo lo que sabemos es verdad sino que además hay muchas más cosas que son verdad y que aún no sabemos?

Cuando empezamos a conocer la Gurtel nos parecía una trama descomunal de financiación ilegal. Al conocer los papeles de Bárcenas la trama Gurtel quedó reducida a un juego de niños. Ahora conocemos unas cuantas donaciones muy importantes de grandes empresarios al PP a cambio de favores desde las administraciones públicas. Pero esas donaciones no llegan a explicar los 50 millones que había en cuentas a nombre de Bárcenas por el mundo. Y si esas cuentas realmente fueran de Bárcenas y no del PP querría decir que los 50 millones son “el pico”, la sisa de un montante total que todavía desconoceríamos.

Puede que sí sean imbéciles: cada explicación que nos dan Cospedal, Floriano, Pons o Pujalte tratan de demostrar que esa posibilidad no debe ser descartada en absoluto. O puede que no.

La diferencia nos llevaría a entender si son tan delincuentes como pensábamos o mucho más de lo que nos imaginamos.