Madrid2020De una cosa han servido las reiteradas candidaturas olímpicas en las que  los gobernantes de Madrid llevan doce años empeñados pero sobre todo esta última: han permitido señalar con rigor las fuerzas con las que cuenta el régimen decadente, sus fuerzas políticas (PP y PSOE  de nuevo, unidos por un sueño de cemento), las direcciones sindicales, las constructoras y empresas que aparecían protagonizando los anuncios de la candidatura, (algunas de) las empresas que gobiernan el régimen. Y con un especial bochorno los medios de comunicación del régimen, constituidos en prensa del movimiento (olímpico). Todos ellos capitaneados lógicamente por la familia real encarnados en el supuesto relevo. Un ridículo colectivo de todos ellos que tienen un nuevo y muy sonoro fracaso que sumar a su reciente lista que sí semeja un record olímpico.

Ha sido una exhibición impresionante de no haber aprendido qué nos trajo a la crisis. Con cifras inventadas al azar (la cantidad de empleos que se iban a crear, la de instalaciones ya construidas, la de apoyo popular), presupuestos opacos (los previstos y los gastos ya realizados) y sobre todo el modelo económico. No dudaban en explicar que lo que España necesita para salir de la crisis era una “ilusión colectiva” ahora que precisamente estamos pagando las consecuencias de una economía ilusionista. Querían que nos volviera a salvar económicamente una orgía de cemento, que volvieran a regar de sobres los centros de decisión política, que las migajas laborales y un supuesto entusiasmo patriotero de usar y tirar generase la supervivencia política de todo lo que está en una gravísima crisis de legitimidad, de los andamios del régimen de la Transición.

Fue una colosal irresponsabilidad volver a presentar una candidatura tras el reiterado fracaso en el intento de reenladrillar Madrid. Fue la demostración de que además de todo estamos en manos de niñatos caprichosos que han manejado el país como un juguete en el que lo importante fueran los fuegos artificiales que adornaban el saqueo que se ejercía a ras de suelo. Gallardón fue el artífice de aquella irresponsabilidad pero estuvo acompañadísimo por activa (y en algún caso paranormal por pasiva). En los últimos días hemos asistido al patético intento de generar una euforia en un país de élites corruptas y bases saqueadas, empobrecidas y con un 26% de gente que querría trabajar y no tiene dónde. ¿Euforia representada esta tarde por Ana Botella, Ignacio González, Felipe de Borbón, Alejandro Blanco y Mariano Rajoy como si los intereses populares les importasen un carajo?

Seguramente nunca sabremos cuánto nos hemos gastado en doce años de candidaturas olímpicas, en esas instalaciones de cuya construcción presumíamos y que ahora sólo servirán como macrodiscotecas. Todo eso también es la marca de lo que nos ha traído al abismo, la marca de los aeropuertos sin aviones, las estaciones de AVE sin pasajeros, las autovías radiales sin coches. Ahora también las instalaciones olímpicas sin juegos olímpicos. La marca del régimen es la que fracasa esta noche, de nuevo.

El estrépito es colosal. Es un fracaso de quienes se habían apuntado a este fracaso. Alguien tendrá que pedir perdón. Y marcharse. Habían apostado por reiterar los errores que nos han traído hasta aquí. Nos hemos quedado con sus caras. Son quienes en cuanto puedan nos volverán a llevar a un saqueo amparado por una farsa colectiva cuyo estallido volveremos a pagar. Son el régimen. Son el régimen que hoy ha vuelto a fracasar. No les dejemos volver a hacerlo.

________________________

Para los nostálgicos, en 2009 escribí Tengo una gallardonada sobre el fracaso de la candidatura Madrid 2016 (sin saber aún que el logo de aquella candidatura lo había perfilado por un pastizal Urdangarín).