De las «bombas» que soltó el papa en la famosa entrevista de hace unos días la de que nunca fuera un hombre de derechas es la más irrelevante salvo que él mismo explicara qué quiere decir con eso. Para ser muy de derechas, mucha gente dice que no es de derechas, que eso son categorías arcaicas, decimonónicas, o lo que sea. Que uno no se defina como de derechas no es incompatible con ser tremendamente de derechas. Y en todo caso, que el papa fuera muy de izquierdas es algo que a quienes no pertenecemos a la Iglesia nos importa poquísimo: aunque a veces podamos usar propagandísticamente los alegatos de los papas contra las guerras, lo que llevamos toda la vida defendiendo es que las opiniones del teócrata que gobierna el Estado vaticano sólo afectan a quienes decidan seguirlas por ser miembros de la Iglesia Católica.

Precisamente por eso sí podría llegar a ser muy relevante la otra bomba: la de que según sus creencias Dios nos hizo libres y la Iglesia no puede estar dictándonos qué hacer con nuestro cuerpo, nuestra sexualidad, la maternidad, etc y vivir obsesionada con esos temas.

El jueves hubo en Madrid un estupendo encuentro organizado por Materia titulado «Salvemos la ciencia«. En él, un científico sevillano  (Manuel Lozano Leyva) explicó una operación que se había realizado en la sanidad pública madrileña para salvar la vida de un niño: se había seleccionado de su madre óvulos sanos, gracias a eso el niño tuvo un hermanito y del cordón umbilical de éste se pudo obtener la salvación del hermano mayor. La operación (que era una colosal demostración de lo que significaba ser  realmente «provida») era muy compleja y exigía la participación de unos 25 científicos de distintas ramas. Por las supersticiones católicas sobre las células embrionarias, la fecundación, etc, la operación fue rechazada muy activamente por la Iglesia. Contaba Lozano Leyva que uno de los mayores peligros que contemplaba el director de la operación es que las presiones del clero amilanasen a dos o tres personas de un equipo tan complejo, lo que condenaría a muerte al niño.

Probablemente la entrevista de Francisco responda más a marketing que a otra cosa. Es un hombre que como obispo dijo disparates como que el matrimonio entre personas del mismo sexo eran «movidas del diablo«. Las personas más sensatas de la Iglesia Católica deben de tener claro que uno de los factores que ha ayudado más a la secularización es la reaccionaria persecución de las libertades que ha centrado los discursos de la Iglesia las últimas décadas.

Hay dos posibilidades. Puede que estemos ante marketing personal del papa o ante marketing de la Iglesia. En el primer caso la Iglesia seguiría persiguiéndonos a quienes decidamos vivir como nos dé la gana mientras intentan aparentar que el papa es normal, pero que la Iglesia es así. En tal caso será sólo una operación de hipocresía y pronto quedará en evidencia; y permitiría que Francisco gane concursos de popularidad, pero aceleraría la pérdida de adeptos de la Iglesia al probarse que está definitivamente perdida para la convivencia. En el segundo caso, aunque sea con la intención de detener la sangría de fieles, la Iglesia dejaría de joder y de presionar a los poderes públicos para que su moral sea obligatoria para todos.

Lo que ha conseguido la Iglesia con sus reaccionarias y sonrojantes supersticiones no ha afectado sólo a sus fieles. Sus presiones han conseguido que quieran volver a convertir en delito en España el derecho a decidir sobre un embarazo, que sea delito decidir sobre la propia vida, que esté prohibida en multitud de países la investigación con células madre embrionarias, que no haya cobertura suficiente ni plena libertad para transexuales, que los avances en técnicas de reproducción asistida se hayan visto frenados por supersticiones antivida… Todo eso no ha afectado sólo a los católicos que pensaran que eso era pecado y lo castigaría dios: se ha incluido (está) en legislaciones que nos afectan a todos y especialmente a todas. Podría haber afectado a la supervivencia del niño operado en Sevilla si alguno de los investigadores no hubiera aguantado la presión de las obsesiones del clero.

Probablemente las declaraciones sean puro marketing. Pero la concreción del marketing es que nos dejarían un poco en paz. Y eso es de lo poco que esperamos de ellos. Así sea. Amén.