Empieza a haber alguna voz discrepante dentro del PP sobre la Ley de Aborto. Cristina Cifuentes ha pedido una ley de plazos, el alcalde de Valladolid, León de la Riva,  dice que incluiría el supuesto de malformación… No se trata de alabarlos: ambos han dado muestras sobradas de ser unos perfectos reaccionarios; simplemente constatar una grieta en el PP en este asunto es una buena noticia. Sin embargo, entre los discrepantes ha surgido una voz especialmente irritante: la de Borja Sémper pidiendo que los diputados voten en conciencia porque «hay materias sensibles que, por sus particularidades y sensibilidad, que afectan a cómo entiendes la vida, como es este caso, o cómo entiendes el derecho del no nacido, en las que creo que debe prevalecer la conciencia«.

Estoy de acuerdo con Borja Sémper en el razonamiento de fondo: nadie puede imponer a otro cuándo cree que comienza la vida de un ser humano. Ésta es una cuestión metafísica, en ningún caso científica, afecta a las creencias (no necesariamente religiosas) y valores de cada ser humano. Debe prevalecer la conciencia, sí, pero ¿la conciencia del diputado?

En el aborto (como en casi cualquier libertad civil) hay tres posibilidades: prohibirlo, dejarlo a la conciencia libre de cada mujer en su momento o hacerlo obligatorio. No conozco a nadie partidario de la tercera opción, pero en realidad esa sería la simétrica a la de quienes lo quieren prohibir. Imaginemos que se propusiera una ley de aborto obligatorio para  todas las mujeres en determinados supuestos. Y que en el partido que lo propusiera hubiera una voz que pasara por liberal y que dijera que como es un asunto de conciencia cada diputado votara en conciencia, esto es, que cada diputado votara si impone el aborto obligatorio a las mujeres o deja que decidan ellas en conciencia. Así de absurda es la propuesta de Sémper.

Estando de acuerdo con Sémper en que el aborto es una cuestión que atañe a la conciencia, libertad y universo de cada cual, el único voto legítimo de cada diputado es el que dé a cada mujer la libertad de actuar en función de su conciencia, libertad y universo, ¿cómo justificar que un diputado vote imponiendo su conciencia a todas las mujeres? No, si Sémper ha llegado a entender que es un asunto personal lo único que puede pedir es que su partido retire una propuesta totalitaria que pretende obligar a todas las mujeres a actuar en función de la conciencia de sus señorías. Lo que piensen los diputados sobre si abortarían o no puede valer para un estudio antropológico o incluso para hacer ver la doble moral de alguna diputada que haya abortado en  su momento y ahora  se lo prohiba a otras mujeres. Pero la conciencia no se legisla, se libera. De eso iba lo de ser liberal, ¿no?