El 2 de mayo es la fiesta de la Comunidad de Madrid. Durante el siglo XIX fue la fiesta nacional, una fiesta instaurada por los liberales (esto es los progresistas) y sustituida por el 12 de octubre (más imperial y pilarico) por los conservadores hasta hoy. Madrid se quedó la fiesta nacional de los progresistas y los conservadores llevan unos años queriéndose quedar la fiesta de los madrileños. Como el 2 de mayo es la fiesta de los madrileños, El País suele publicar encuestas electorales de la Comunidad de Madrid; otros años ha esperado al 15 de mayo, San Isidro para publicar la encuesta municipal pero este año ha publicado las dos a la vez, el 2 de mayo.

Lo que da más solidez a las dos encuestas es que su resultado es muy parecido a las de hace justo un año. Entonces sorprendió a mucha gente (me incluyo) el resultado. Que un año después haya variado tan poco indica que estas encuestas están señalando algo que está ocurriendo y realmente con cierta solidez. De las dos encuestas la del ayuntamiento es la que ofrece un mayor posible terremoto político a la vista: el PP perdería su mayoría absoluta, UPyD sería prescindible en un posible gobierno y, sobre todo, PSOE e IU están separados por sólo 2.6 puntos y el margen de error de la encuesta es un 4.1%, es decir, PSOE e IU están en empate técnico. Esto es, la encuesta (cuya veracidad parece consolidada) ofrece la posibilidad de que el PP pierda la mayoría absoluta y que la segunda fuerza sea Izquierda Unida que sólo necesitaría que el PSOE decidiera que no puede entregar la capital al PP de Esperanza Aguirre unos meses antes de las elecciones generales. No es una certeza: conseguir que eso suceda será difícil. Pero lo que tenemos con esta encuesta es que ese escenario no es una ensoñación ni una quimera sino una posibilidad bien cierta en cuya actualización nos tenemos que empeñar. La de la comunidad permite pensar en escenarios parecidos aunque no muestre una imagen tan contundente como la del ayuntamiento: especialmente en una comunidad como Madrid en la que es difícil pensar que un gran cambio en la capital no fuera de la mano de la comunidad.

Tal posibilidad (que Izquierda Unida pusiera alcalde en Madrid) supondría un terremoto político en el conjunto del país. Madrid permite desde hace mucho visibilizar lo posible. Madrid antes que el conjunto de España dio un gobierno al PSOE (al PSOE más ilustrado, el de Tierno Galván, un PSOE difícil de encontrar en el PSOE actual); y antes que el conjunto de España se echó en manos del PP. Desde 1991 Madrid parecía condenada a ser la ciudad en la que el PP adelantara sus proyectos para el país: saqueo de los servicios públicos para arruinar la ciudad entregada a las constructoras primero y para pagar la deuda generada con esas megaoperaciones después, todo ello engrasado de comisiones para financiar el partido, privatizaciones y actuaciones urbanísticas corruptas y áticos marbellíes.

Que en Madrid se dé este vuelco puede afectar en primer lugar a la vida de más de tres millones de personas; pero también a toda la política del país. Es un grave reto el que tenemos de aquí a un año los ciudadanos políticamente activos para contagiar de entusiasmo por el cambio real a nuestros vecinos. Pero también es una altísima responsabilidad para las direcciones políticas. En primer lugar para la de IU, que afronta este reto en una situación insólitamente positiva en Madrid ciudad (con las diferencias internas normalizadas y donde por fin la afiliación de la capital es la que regirá su política, sus candidaturas, sus alianzas… tras un acuerdo entre las partes más importantes de IU-CM): tenemos que hacer las cosas bien, con audacia, ambición, generosidad, honradez e inteligencia. Y también es una responsabilidad muy seria para esas otras fuerzas que no aparecen en el reparto de concejales pero sí en ese 7.7% de “otros”. Madrid es probablemente donde se agrupa más voto a nuevas candidaturas por la derecha y por la izquierda: es donde con más ímpetu emergió UPyD y donde depositan el grueso de su fuerza organizaciones como Equo y Podemos y otras que han surgido o puedan surgir en el próximo año, que en esto somos muy productivos.

No podemos dejar pasar la oportunidad real de construir un cambio drástico que puede empezar en Madrid para contagiar a todo el país. No podemos seguir poniendo trabas y excusas pueriles para poner en marcha una alternativa real para echar a quienes han robado, destrozado Madrid en provecho propio y consumado en Madrid lo más repugnante de la política instalada después en todo el país. Claro que hay diferencias entre nosotros (y dentro de cada una de las organizaciones) pero el reto es de un calibre histórico y ético tal que quien las ponga bajo una lupa y facilite la permanencia de los saqueadores mercerá el justo castigo de una ciudadanía que merece recuperar su ciudad.

No hemos tenido otra ocasión
así. Toca demostrar que estamos a la altura de la Historia.