Ando algo mareado por las encuestas. Pocas veces como en estas elecciones han sido tan dispares. Uno no sabe si PP y PSOE están casi igualados y manteniendo el bipartidismo, si IU va a subir modestamente o va a pegar un petardazo, si van a entrar múltiples partidos nuevos a diestra y siniestra o si los votos que vayan a esas opciones no tendrán concreción parlamentaria… En alguna otra ocasión las encuestas han tenido muy poco que ver con el resultado final pero no recuerdo un momento en que fueran entre sí tan dispares. Yo en estos casos llamo a mi sociólogo de cabecera, mi amigo Jorge Caplan.

Estas elecciones van a ser un termómentro de muchas cosas“, me dice Caplan. “También van a servir para afinar la cocina de las encuestas. Nadie tiene ni puñetera idea de cómo se cocina bien en estos momentos una encuesta. Mucha gente que dice que no votó al PP ni al PSOE sí votó por uno de los dos. Pero no sabemos si esta vez el rechazo al bipartidismo es tan importante como para que no sólo nieguen haberlo votado en el pasado sino que de hecho no lo voten en el futuro.

Así sucede con IU“, continúa mi amigo Jorge Caplan. “En situaciones de desprestigio del PSOE y PP IU solía estar sobrerrepresentada en las encuestas: eso hizo que en el 96 pareciera un mal resultado sacar 21 escaños, pues las encuestas daban más de 30. Desde entonces a IU siempre se le cocina a la baja (incluso con la mejor honestidad sociológica) dando por hecho que mucha gente que dice que votará a IU acabará votando al PSOE como siempre. Pero esta vez sucede con IU lo mismo (pero al revés) que con PP y PSOE ¿Y si ya no sucede “lo de siempre”? ¿Y si realmente la gente esta vez no se ha hartado del PSOE y del PP de boquilla sino de verdad y no se resigna a votar lo mismo el día de la verdad? Nadie lo sabe: es la primera vez que hay elecciones en todo el Estado desde 2011 y en estos años han sucedido demasiadas cosas como para suponer que el comportamiento de los encuestados responderán al patrón de toda la vida. Las elecciones europeas van a ser las primeras en medir si realmente estábamos tan indignados con el PP y el PSOE como decimos o si sólo es pataleta de barra de bar pero llegado el momento dejamos (por activa o por pasiva) que se mantenga ahí el bipartidismo como si fuera eterno”.

Las elecciones europeas siempre fueron las más políticas de todas, las que permiten una foto más clara. Vemos tan (justamente) lejos el Parlamento Europeo de nuestras vidas que no suponen el mero aval de una gestión u otra, no cabe llamada a ese voto supuestamente útil por miedo a que vengan unos peores que los que ya son bastante malos (la Comisión Europea siempre fue un reparto entre conservadores y socialdemócratas, una Gran Coalición, y volverá a serlo esta vez), el voto es estrictamente proporcional en todo el Estado… En este caso además hay dos factores temporales que convierten en muy revelador el resultado. Por un lado es la primera vez desde 2011 en que votamos y podemos decirle al PP y al PSOE también en las urnas lo que les llevamos diciendo en la calle al menos desde entonces. Por otro lado son las elecciones que abren un intenso ciclo electoral: el año que viene hay municipales, autonómicas en la mayoría de los sitios y finalmente elecciones generales. Y a ese ciclo se acudirá con la foto fija que den las elecciones del domingo.

Por eso servirán de retrato del país: nos permitirán medir si realmente estamos tan indignados con PP y PSOE como decimos y si nuestra indignación se transforma en alternativa que amenace los cimientos de su país o si, al menos en uno de los frentes de lucha, el electoral, es una indignación cínica que se enfada y no respira mientras regala al aparato político del saqueo la foto que más necesita: que aquí no ha pasado nada y que, sobre todo, nada va a pasar.