CiU siempre compadreó con la corrupción. Cuando  en los años 90 estallaba el PSOE por innumerables casos de corrupción sumados a la participación en crímenes de los GAL Jordi Pujol se centraba en criticar a quienes denunciaban el saqueo y el crimen: “no volvamos a la crispación. Todos tenemos mucho que perder” le decía a Álvarez Cascos. Y seguramente llevaba razón, porque según la libreta de Bárcenas Cascos se llevaba unos buenos sobres de lo que los constructores regalaban al partido para su financiación y para que los ensobrados supieran que las riquezas públicas tenían que ir a ladrillo y cemento y no a sanidad ni educación públicas.

CiU tuvo en su C a los Pujol y en su U a Duran i Lleida y la financiación ilegal del partido. CiU son las siglas del Palau y de las ITV. CiU es el partido de Miquel Roca, abogado hoy de Cristina de Borbón por designación real, que el saqueo une mucho. Todo ello con la fiesta inaugural de Banca Catalana. CiU es el partido que se alió con el PP para votar la amnistía fiscal de Montoro por la que tantos corruptos regularizaron las fortunas de dinero negro: cuántos cargos del PP y de CiU se habrán beneficiado de ese blanqueo legal decretado por sus bandas. Pujol incluido.

Pujol, Roca, Duran. Los tres han compadreado con la corrupción que ha dado gusto. Por eso fue tan alabada su moderación, su seny, incluso su sentido de Estado, porque todos entendían que sabían de qué iba el juego y que su retórica intermitentemente secesionista no era más que un teatrillo al servicio del beneficio contable.

Todos tenían mucho que perder, decía Pujol. Debe de ser casual que las cuentas en paraísos fiscales siempre son de herencias: la de Juan Carlos de Borbón era de una herencia de Juan de Borbón (del que nos dijeron que era prácticamente pobre), la de Emilio Botín una herencia del abuelo, la de Pujol una herencia que había olvidado regularizar porque uno no tiene nunca tiempo para nada. ¿Cómo se entera uno de que hay una herencia esperándole en una cuenta opaca en el extranjero? No es una pregunta menor y estaría bien que Pujol, Borbón y Botín nos lo cuenten. ¿Cómo se enteraron si no estaban al corriente de la existencia de esas cuentas? No lo contarán. Porque todo es mentira. Y no se lo preguntarán porque todos tienen mucho que perder.

Otro gran hombre de la Transición, otro hacedor de consensos porque estaba en lo mismo que los demás. Cuando hablamos de que la Transición no rompió con el franquismo no nos referimos sólo a que no se juzgaran los crímenes, a que muchos cómplices o autores de los mismos siguieran en el poder, a que los asesinados sigan arrojados en cunetas. También a que la estructura económica de La escopeta nacional tuviera perfecta continuidad: la habilidad de la Transición fue incorporar al reparto del botín a un puñadito de quienes estaban apartados del mismo. UCD fue un nido de constructores (Villar Mir fue ministro de Suárez, Florentino Pérez concejal de UCD). AP y luego PP engrasó sus Naseiros, Lapuertas y Bárcenas en Suiza, CiU se unió a la fiesta a lo grande y el PSOE fue de Filesa a Roldán, pasando por el Banco de España, el BOE, los fondos reservados… Lo serio, lo responsable, tener altura de miras ha sido participar del botín, repartir juego cuando se gobierna (en Moncloa o en el último ayuntamiento) y rebajar el tono cuando se simula ser oposición. La Cultura de la Transición es también la cultura del saqueo organizado y tranquilo, sin exaltaciones.

Es muy fácil llegar a acuerdos cuando todos tienen mucho que perder. Pujol eran todos.