Tengo la impresión de que existen dos formas posibles de ser leninista (habiendo leído a Lenin, quiero decir) en este tiempo. Puede haber terceras vías, no digo que no. Pero esas nunca llevan a buen puerto. Una era la de Manuel Fernández-Cuesta a quien no pude conocer en persona. La otra es la tuya con quien sí he tenido el placer de compartir charlas y copas. Una de esas ocasiones la contaste en tu blog en Hotel Kafka (sobre todo de las copas, policía mediante): fue tras una charla que organizamos en La Tercera sobre tu anterior libro “Todo está perdonado” (Tusquets, 2011) y el de Juan Carlos Monedero “La Transición contada a nuestros padres” (Catarata, 2013). En otra charla que organizamos en La Tercera sobre el Estado laico viniste a decir que como eres leninista te opones al Estado laico. Y al no laico, vaya. Recuerdo algún verano sintonizar la radio y escuchar que te preguntaba una presentadora qué libros recomendabas para el verano, supongo que esperando alguna lectura fresquita para leer en la playa, con un tinto de verano. “Pues yo recomiendo que este verano la gente lea a Lenin”. En concreto recomendaste el estupendo “Lenin. El revolucionario que no sabía demasiado” de Constantino Bértolo (Catarata, 2012).

Sigue en el blog de El Diario Contrapoder.