Uno de los dos líderes de la trama Púnica, Marjaliza, ha confesado (no sabemos cuánto, hay secreto de sumario y muchas palomitas a la espera de que se levante tal secreto) y parece que una de las cosas que ha contado es que también sobornó a Eva Borox cuando era responsable del PSOE de Valdemoro, partido que la expulsó acusándola de haber inflado el censo del partido con gente de Granados para ganar los procesos internos. Ciudadanos sabía esto último y le pareció bien: Eva Borox y su gente de Valdemoro se fueron a Ciudadanos y con su nuevo partido gobiernan el ayuntamiento de Valdemoro (la Covadonga de la Púnica, donde empezó todo) mientras a ella la pusieron en el tercer puesto de la lista autonómica.

Parece evidente que Borox no contó la verdad cuando explicaba que conocía a Marjaliza como cualquier otro vecino de Valdemoro. Hay que ser muy ingenuo como para dudar de que cualquier dirigente político en Valdemoro sabía lo corrupto que era Granados y es difícil creer que esa amistad (ya probada) con Marjaliza desembocara en desagradable sorpresa al conocer que era un gangster al frente de una monumental trama de saqueo. Eso sí, de si además de tener buena relación con el mafioso que saqueaba su pueblo con su supuesta oposición estaba sobornada por él no tengo ni idea: no sé qué ganaría Marjaliza inventándose un delito más, pero ya nos dirán los tribunales. Sólo puedo imaginar qué dirían Ignacio Aguado y Begoña Villacís si en el sumario de un caso de corrupción del tamaño de la Púnica aparecieran confesiones de sobornos a diputados de Podemos.

Ayer, sorprendentemente Ciudadanos puso a Eva Borox como ejemplo político: “ha dado una lección”.

Hay dos alternativas: o Marjaliza miente o dice la verdad.

Si Marjaliza miente, Eva Borox es una dirigente política presionada por un mafioso. En esas circunstancias el deber ético y político es resistir y plantar cara al mafioso. Incluso aunque la imputaran, incluso aunque la condenaran. Cuando una mafia ataca a alguien es humanamente comprensible la rendición, pero el deber moral y político es resistir.

En tal caso no sería una delincuente sino una víctima de un mafioso, pero en ningún caso habría dado una lección sino que se habría rendido al mafioso en vez de plantarle cara. Si, como dice ella, se va para no manchar la imagen de su partido (Ciudadanos), ha demostrado que entre el interés del partido y el de ella prefiere el del partido, lo cual es una opción legítima y supongo que en su partido lo agradecen mucho, pero no hay ninguna razón por la que deba agradecerlo un ciudadano común.

Lo interesante es lo que se refleja si Marjaliza dice la verdad en su confesión (tampoco se me ocurre qué interés podría tener en asumir más delitos de los que ya tiene encima). Porque es algo que, al fin y al cabo, ya conocíamos y explica cómo ha funcionado el régimen corrupto y clientelar que el PP instaló en Madrid.

Uno supondría que una trama corrupta es algo que un partido esconde para que no se enteren los de la oposición. Pero en Madrid, al menos en Madrid, no fue eso lo que ocurrió. En su confesión Marjaliza dice que sobornaba a Borox para que votaran a favor de una concesión púnica para que saliera con gran mayoría. Aunque la Púnica es una trama netamente del PP incorporó, por ejemplo a cómplices en el Ayuntamiento de Parla, gobernado por el PSOE con alguna ayuda. Del mismo modo Fernando Martín (MARTINSA) y Esperanza Aguirre presumieron de que el mayor pelotazo de la Gurtel, el de Arganda, había sido aprobado por unanimidad como si la expansión de la mierda la diluyera: les interesaba trasladar que esas decisiones que adoptaban a cambio de millones de euros eran necesarias para sus pueblos y para ello qué mejor aval que el apoyo de oposiciones ficticias. Es lo mismo que hicieron en Cajamadrid granjeando complicidades transversales para hacer más sólido el saqueo.

Así, la corrupción estructural del PP-Madrid incorporaba a su trama a sectores dominantes de los otros partidos de aquella oposición en Madrid para neutralizar la oposición al saqueo y convertirla en meramente escénica. Uno de esos ejemplos es lo que Marjaliza habría confesado: que habría sobornado como en otras ocasiones a quien estaba llamada a hacer la oposición en Valdemoro. De esa complicidad con el PP de Granados la había acusado el PSOE cuando la expulsó y después Ciudadanos no dudó en usar ese “capital político” para lograr su principal ayuntamiento.

Ojalá Borox sea inocente. Es una diputada que en estos meses ha introducido un poco de decencia en el indignante discurso de género de Ciudadanos y que ayer se despidió defendiendo una ley de transexualidad histórica para nuestras libertades. Pero en ningún caso nos ha dado una lección a nadie. Lo único que ha hecho es recordarnos cómo ha funcionado la cloaca madrileña durante demasiado tiempo.