Por la causa que sea la última semana de campaña electoral ha estallado la imagen de cómo ha gobernado el PP. Podemos ver en alta definición la lógica con la que el Partido gestiona lo público, para qué el Partido quiere ganar las elecciones y seguir gobernando.

Han construido una red en cuya cúspide está la apropiación de los aparatos del Estado y su conversión en cloaca. Las conversaciones de Fernández Díaz nos muestran que contaban con esos aparatos sin límites: incluido el aparato judicial a través de la fiscalía. Es la misma lógica que les ha llevado a su corrupción estructural, inicialmente pensada para financiarse ilegalmente pero que, como explicó la Guardia Civil, “quien parte y reparte se lleva la mejor parte”. Durante esta legislatura lo hemos visto en todos los rincones de la Administración: Montoro nos ha demostrado día sí día también un uso ilegítimo de la Agencia Tributaria para favorecer a los ladrones del entorno, para filtrar informaciones falsas o no, qué más les da, de sus rivales. Vemos que también se han querido apropiar de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Todo bajo la lógica antidemocrática de que todo lo que no sea que gobiernen ellos es una derrota del Estado tal y como lo entienden. Bajo esa lógica el Estado debe ponerse al servicio del Partido, ya sea para financiarlo, ya para atacar a la oposición. Parece que hoy hay guerra entre sus tramas, pero lo que no aparece por ningún lado es alguien del PP que a lo que se oponga es a este funcionamiento como trama: Nadie en el PP ha mostrado su disgusto con Fernández Díaz por lo que estamos escuchando; nadie en el PP ha tenido el pudor de hacerse el demócrata.

De esa red forma parte imprescindible una trama mediática clientelar para cuya construcción se ha vulnerado la libertad de prensa al privilegiar un pesebre que distorsiona nuestro derecho a la información. Esa construcción del pesebre mediático ha tenido muchos mimbres. En el lugar más evidente está la apropiación para la propaganda del Partido de todos los medios públicos que han tenido en sus manos. Desde ellos, además, se han gastado un dineral para favorecer a productoras, empresarios, comunicadores y periodistas afines: desde ese apoyo con el dinero público luego copan las tertulias y columnas de los medios afines y asimilados mientras arruinaban los medios públicos tanto por el gasto como por la devaluación de su calidad. Han concedido licencias de TDT, favorecido concentraciones mediáticas, etc… para poner todos los medios privados que pudieran en manos de empresarios afines. El kiosko, al día siguiente de saltar el escándalo, ofrecía bochornosos silencios. Hoy mismo es obsceno el intento de limpiar la imagen del ministro con lo que estamos escuchando. Es demasiado hasta para ellos. Han regado de publicidad institucional el pesebre mediático frente a otros grupos. Y eso cristaliza en que Fernández Díaz sabe que si un invento de su cloaca no tiene sustento alguno se puede pasar a ese pesebre mediático que lo elevará como si fuera un gran hallazgo del periodismo de investigación. Hemos vivido muchos, muchísimos, ejemplos de este funcionamiento antidemocrático de ese pesebre mediático cuya lógica es antagónica a la libertad de prensa: es la sustitución de una prensa libre por una prensa al servicio de la cloaca del poder.

En la apropiación del Estado al servicio del Partido no han tenido escrúpulo alguno a la hora de sacrificar al pueblo. Es escalofriante escuchar cómo “les hemos destrozado la sanidad”: una conversación con un Ministro de España en la que se explica que para torpedear un proyecto político de un gobierno autonómico se ha destrozado la sanidad de su pueblo desde el Gobierno central. Esto significa: se ha causado enfermedad y muerte, que es contra lo que lucha la sanidad. Es un ejemplo obsceno de una práctica habitual estos años: se ha arruinado el país y los recortes han ido a sanidad, educación, condiciones laborales, servicios públicos… para favorecer a los constructores y banqueros afines, que además pasaban por caja, dejaban la “donación” que engrosaba los sobres y ayudaba a una campaña electoral con muchos más recursos que el resto de opciones políticas. La crisis ha llevado a que por primera vez desde la Guerra Civil bajara la esperanza de vida de los españoles mientras aumenta como en ningún otro país de Europa el número de ricos. Han concentrado la riqueza sacrificando la vida de la inmensa mayoría de la sociedad. El Estado es suyo y sacrifica nuestras vidas para mejorar aún más las de los suyos.

“Si todos votamos, mañana los echamos” cantábamos por las calles de España una jornada de reflexión cuando vivíamos la más bochornosa apropiación del Estado y sacrificio de los débiles que nos ha brindado el PP en su Historia: cuando decidió mentir sobre el peor atentado terrorista sufrido en España para que le fuera útil electoralmente. Afortunadamente lo que estamos viviendo no tiene ese cariz trágico. Pero responde a esa misma lógica según la cual el país es suyo y todo vale.

No merecemos un país secuestrado, no merecemos un país gobernado con la lógica de la mafia. Merecemos democracia, derechos sociales, un Estado que no rescate a mafiosos y poderosos sino a su pueblo y garantice sus derechos.

Si todos votamos, el domingo los echamos.