Imagina las portadas que verías en el kiosko si Manuela Carmena hubiera perdido la mayoría de gobierno y no pudiese aprobar una sola medida que dependiera del pleno: incluidos los presupuestos municipales. Imagina que no fuera porqueel PSOE hubiera visto la luz y se entregara en manos del PP sino porque la número 4 del grupo municipal de Ahora Madrid está de baja médica como consecuencia, denuncia, del acoso laboral al que la somete el número 2 del grupo municipal de Ahora Madrid.

Imagina cómo bramaría la tertuliada si Manuela Carmena, lejos de alarmarse por esa denuncia y al menos investigarla, hubiese impuesto un “¡Prietas las filas!” en solidaridad… con el concejal acusado de acoso laboral. Imagínate las comparaciones (¡Bulgaria, Corea del Norte!) si todos los concejales del grupo de Manuela Carmena hubieran tenido que firmar (el mismo día que se publica en prensa que la concejala está de baja médica por ese supuesto acoso, como si fuera fácil encontrar a todos los concejales de ese grupo trabajando si no hay pleno) una carta de apoyo, sin más investigación ni preguntas ni nada, al concejal al que una compañera suya que está de baja acusa de acoso laboral.

Imagínate las explicaciones de todo tipo que habrían tenido que dar Manuela Carmena, su número 2 y toda cara visible de Podemos y del resto de ayuntamientos del cambio si las únicas reacciones del partido en el que sucede esto fueran pedir un informe al Ayuntamiento para ver cómo apartan a la concejala que denuncia haber sufrido acoso y que está de baja médica, quitarle sus cargos en el grupo (que es todo lo que le pueden quitar) y presentar una denuncia contra ella en la que el número 2 de Carmena le pide 100.000 euros.

Imagina lo prudente que sería la oposición del PP (y de Ciudadanos, que en uso de informes de Marcelo no suele quedarse atrás), que entendería lo delicado del asunto; aunque sea evidente que alguien muy importante del grupo de gobierno ha cometido un grave delito (o efectivamente la denunciante se sintió acosada por su compañero o está ella haciendo una denuncia falsa) y que ello conduce a la ingobernabilidad del ayuntamiento, es precisamente la gravedad del asunto la que aconseja prudencia. Porque ni PP ni Ciudadanos se pasan los debates usando basura inventada en sus cloacas contra Ahora Madrid y Podemos y tampoco lo harían ahora cuando no se trata de un invento publicado por el charlatán obsesivo (y estupendamente recompensado) de siempre sino que son denuncias que los propios cargos del equipo de gobierno se lanzan entre sí.

Ahora deja de imaginar.

Todo esto es exactamente lo que ha sucedido en el grupo parlamentario de Cifuentes. Su número 4 ha denunciado al portavoz del grupo por  “agresiones verbales, delitos contra la integridad moral, delitos de lesiones psíquicas, coacciones, amenazas e imposición de condiciones de trabajo que afectan al trabajador”. Lleva desde octubre de baja médica, lo cual hace impensable para los juristas que la denuncia no sea admitida a trámite por el TSJM con la consiguiente imputación del portavoz parlamentario de Cifuentes. No se conoce que haya habido investigación alguna, sólo un cierre de filas como el imaginado unos párrafos más arriba. Y, mientras en los plenos de la Asamblea de Madrid Cifuentes suelta todas las semanas la misma retahíla de sandeces inventadas contra Podemos (¡Venezuela, la ETA, ustedes gobiernan en Bangaldesh y miren lo pobres que son!) y argumentos sonrojantes contra el PSOE (¡Madrid paga los colegios andaluces!) los partidos de la oposición hemos tenido una exquisita prudencia ante una acusación tan grave que no se ha inventado un ministro de Podemos sino que ha presentado en los tribunales una importante diputada de Cifuentes.

No prejuzgo nada. Espero que los tribunales por fin estudien qué ha pasado aunque políticamente sí es un asunto grave la incapacidad del gobierno de Cifuentes para aprobar una sola ley, incluidos los presupuestos, mientras no se resuelva el asunto que han despachado con tanta sencillez. Lo que sí tengo claro es que las varas de medir están trucadas, que mientras algunos nos enfrentamos a la maquinaria estrambótica de un partido-trama y un pesebre mediático especializados en la fabricación de basura, no tienen enfrente una oposición simétrica pese a que la corrupción estructural y las decenas de casos vergonzosos (de corrupción o de otro tipo) facilitarían muchísimo atacar con infinita más dureza pero con justicia al Partido Popular. Y, por cierto, me alegro de no ser como ellos, de tratar estos asuntos con la delicadeza que merecen sin hacer acusaciones graves sin saber a ciencia cierta que éstas son justas. No somos como ellos no sólo porque no robamos sino porque nos tomamos en serio lo que denunciamos sobre ellos, porque cuando lo hacemos es porque está clarísimo lo que sucede.

Pregúntate cómo se trataría el caso si sucediera en el Ayuntamiento de Madrid o de Barcelona. Y ahora pregunta en tu trabajo, a tu familia, a tus amigos… si se han enterado de que eso es lo que ocurre en el grupo parlamentario de Cristina Cifuentes, presidenta del PP de Madrid y de la Comunidad de Madrid.