No sabemos casi nada de Arabia Saudí. Muy de vez en cuando se filtra un vídeo de una persona recibiendo latigazos en plena calle o nos enteramos de pasada de que algún periodista está condenado a muerte sin tener muy claro si lo han matado ya o no. Arabia Saudí no tiene nada que envidiar a Corea del Norte en opacidad, la diferencia está en que de Arabia Saudí no nos enteramos siquiera de lo opaca que es. Pero lo poco que sabemos permite entender que no hay en el mundo un Estado más criminal y sanguinario, más antidemocrático, desigual y machista que Arabia Saudí sin que aparezca en nuestros informativos hasta que cometen uno de sus crímenes habituales en una embajada suya en Estambul: hay que tener una inmensa sensación de impunidad internacional para permitirse descuartizar vivo a un opositor en una embajada en el extranjero.

Sin embargo Arabia Saudí no está entre nuestras preocupaciones informativas. Si saliéramos a la calle a preguntar el nombre de alguna dictadura probablemente mucha gente diría Venezuela y muy poca o ninguna se acordaría de Arabia Saudí salvo, quizás, estos días por el impacto del asesinato de Kashoggi. No tuvo ninguna repercusión la ocupación de Barheim para reprimir a la población civil que se estaba manifestando por sus libertades como apenas se recuerda (salvo cuando a una ministra se le escapa que hay un conflicto moral con la venta de armas) que llevan tiempo bombardeando a la población yemení. Cuando ha sido conveniente hemos tenido alguna noticia sobre la discriminación contra las mujeres y los homosexuales en Afganistán, en Irán… en Arabia Saudí esa discriminación suele ser noticia sólo para comunicar algún timidísimo avance (¡han permitido a las mujeres conducir!). Hay disidentes famosos de varios de los países cuyos gobiernos no nos gustan. ¿Alguien sabe el nombre de algún opositor a la dictadura saudí? ¿Por qué no son habituales de nuestros medios? ¿Por qué ninguno tiene un blog ni tuitea en varios idiomas como otras famosas opositoras? ¿Por qué el gobierno autonómico madrileño puso una pancarta con la foto de un opositor venezolano detenido y ni se le ocurre hacer lo mismo con un periodista saudí descuartizado vivo? Más bien al revés: quienes se pasean por la costa malagueña no son los disidentes saudíes, son sus asesinos. Ante otras dictaduras ha habido discursos feroces que han pedido bombardear el país o incluso finalmente lo han hecho. ¿Por qué ninguno de quienes suelen solucionar las cosas a bombazos piensa siquiera en sanciones diplomáticas ni económicas contra Arabia Saudí?

Es obvio que el papel geopolítico de Arabia Saudí hace que “sea nuestro hijo de puta“. Además, es existe un legítimo conflicto moral cuya resolución no es simple cuando algunos de los acuerdos comerciales con Arabia Saudí generan empleo (el trabajo también es un derecho fundamental y no está nuestra industria especialmente vigorosa) aún sabiendo que ese acuerdo comercial supone la entrega de armas que servirán a la dictadura para sus crímenes.

Pero también estaría bien poder investigar los intereses espurios que puedan estar condicionando nuestra política exterior y económica. Cuando Jesús Cacho contó cómo Juan Carlos I cobraba comisiones por cada barril de petróleo importado de Arabia Saudí, explicaba que el gobierno tuvo que renunciar desde los años 70 a comprar petróleo más barato porque se anteponía el negocio corrupto de nuestro monarca a los intereses de todos los españoles en plena crisis del petróleo. Cuando Corinna Zu-Sayn Wittgenstein cuenta que Juan Carlos I se llevaba comisiones por la construcción del AVE en Arabia Saudí está contando que nuestra relación con la dictadura sigue condicionada por los negocios corruptos del monarca y de los mismos constructores que rellenaron los sobres del PP. Cuando nada más ser coronado Felipe VI se va de viaje con grandes empresarios a Arabia Saudí para que sigan haciendo allí negocio (sin que ello genere empleo relevante en España) da una pista de que la cosa no ha cambiado tanto.

No se puede ser ingenuo. Un país no puede romper relaciones internacionales con todos los Estados que incumplen los derechos humanos. Pero con Arabia Saudí hay algo más: hay un grado de hipocresía monumental que llega a ser complicidad con una dictadura a la que ningún país supera en criminalidad.