Quien Mucho Abarca: Quien Mucho Abarca

Cómo la aplaudían

El día antes de que la mafia del PP publicara el famoso vídeo de Cristina Cifuentes en Eroski, una amiga presentaba un libro. A la salida, en las cañas, la comidilla era el asunto del máster. Recuerdo estar comentando que en la Asamblea daba la impresión de que la propia Cristina Cifuentes se creía sus mentiras. Tal era su aparente convicción compatible con versiones cambiantes, contradictorias y completamente inverosímiles cada una por sí mismo. Lo recuerdo porque comenté que por primera vez empezaba a creerme la leyenda urbana de que Cifuentes tenía un problema de cleptomanía porque la convicción con la que defendía que sí había hecho lo que ya todo el mundo sabía que no había hecho no era sana. Me recordaba a la convicción con la que Chus Lampreave en Bajarse al Moro robaba baberos  y corbatas a decenas convencidísima de que los necesitaba urgentemente.

La convicción de Cifuentes no tenía nada que ver, por ejemplo, con el cinismo esquivo de Pablo Casado, que no trató de convencer de una mentira sino de arrinconarla para que no le estorbara.

Quienes sabían tan bien como el resto (o probablemente mucho mejor) que Cifuentes estaba mintiendo, que ella, como otros compañeros, se había beneficiado de una trama corrupta en la Universidad Rey Juan Carlos eran sus compañeros diputados de la Asamblea de Madrid y miembros de su gobierno. Cuando compareció en la Asamblea de Madrid era ya tan evidente que todo era mentira que ya no esgrimió el acta que había enseñado en su patético vídeo de media noche porque la mañana de aquel pleno se había publicado que las firmas de aquella acta eran falsas.

Al terminar el discurso de Cifuentes todos los diputados, todos los consejeros y las decenas de alcaldes del Partido Popular en la Comunidad de Madrid que fueron a arroparla desde el público de la Asamblea de Madrid se pusieron en pie a aplaudirla (por cierto: fue la única vez en toda la legislatura que la presidenta de la Asamblea de Madrid, Paloma Adrados, permitió que el público aplaudiera una intervención). Entre ellos sobresalía Rafael Van Grieken, consejero de Educación, ex vicerrector de la Universidad Rey Juan Carlos y jefe de Maite Feito, su asesora que fue a la Rey Juan Carlos a garantizarse una coartada pactada que incluyó el acta falsa que esgrimió Cifuentes, detalle por el que Cifuentes no ha podido esquivar a los tribunales como Casado.

Pocas semanas después Cifuentes tuvo que dimitir porque el PP le puso en la cama una cabeza de caballo: el famoso vídeo. Y Ciudadanos tenía que elegir. Podía haber aseado la Comunidad de Madrid, había opciones decentes para un tránsito puramente higienizante hasta las elecciones de mayo de 2019. Y Ciudadanos decidió que no, que mejor mantener a Van Grieken, al PP que tanto ha robado y mentido y tanto ha aplaudido a ladrones y mentirosos. Ciudadanos decidió, como siempre, mantener a la mafia al mando de la caja pública.

Cifuentes es historia oscura de la Comunidad de Madrid. Ojalá resuelva los problemas personales que tenga; ojalá tenga una sentencia justa. Pero la mafia que la aplaudía es presente de la Comunidad. Ahí está hoy el problema.

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